jueves, 17 de febrero de 2011

Camps, Berlusconi y el patriotismo, refugio ultimo de los canallas.


En el mundo en que vivimos todo es cuestión de dinero, dinero y poder son factores determinantes y desequilibrantes. Desgraciadamente es una de tantas realidades con las que tenemos que vivir,
pero en este mundo también se desarrollan una serie de paralelismos que a diario nos deberían hacer reflexionar sobre el propio mundo, la sociedad y, más que nada, sobre si vamos edificando y caminando en la dirección correcta.
En este momento pienso en el paralelismo existente entre Berlusconi y  los miles de violadores, pederastas y delincuentes convictos que cumplen condena en el mundo por innumerables crímenes, que se tendrán más que merecidas dichas condenas y seguramente muchas más por delitos que nunca serán descubiertos, pero para los que no ha existido la posibilidad de tener unos abogados que les libraran o atenuaran sus penas, sencillamente porque ni tenían  el dinero ni ostentaban la posición social que si tiene el primer ministro italiano.
Posición social y dinero a camiones es lo que tiene Berlusconi, este delincuente corrupto y pederasta que se ha valido de su poderío económico  para comprar un país y modelar la justicia de tal forma que la mayoría de sus delitos queden impunes como si esa clase social privilegiada a la que pertenece formara parte de una élite divina a la que todo le está permitido, incluso aquello que al común de los mortales les hace refundir sus huesos en inmundas prisiones.
Hace unos días, este personaje presumía en rueda de prensa de su patrimonio y de cómo había entregado doscientos millones de euros a sus abogados para que le defendieran de esa justicia “perversa” que ha osado perseguir los crímenes de un dios de forma  tan “injusta”.
Pero por “amor a la patria”, dijo en otro de sus discursos, tampoco está dispuesto este poderoso truhán a dejar el poder, incluso avisa de que volverá a la carga para en una futuras elecciones, conseguir los diputados necesarios para encarar una reforma de la justicia que le permita blindar a personajes como él, de forma que resulten inalcanzables por la justicia, que quedará como una enfermedad que solo puede afectar a los desafortunados que no tengan la suerte de triunfar en el mundo de la política y los negocios.
A este señor los italianos le votan en masa y aquí sale otro paralelismo, en este caso  con el presidente de la Generalidad Valenciana, que está en su misma situación pero por delitos algo menos graves, aún entendiendo la gravedad que supone aprovecharse de un cargo público para aceptar ciertos regalos a cambio de favores. Pero admitamos que los delitos de Camps, al menos, no son tan deleznables como los del caballero de los medios y las grandes fiestas bacanales.
Tampoco el poder económico de Francisco Camps es tan grande como el de Berlusconi, pero el paralelismo se da en dos sentidos como mínimo: Como digo antes, los dos son aceptados y votados en masa por sus pueblos y los dos se están valiendo del cargo que ostentan para escapar de la justicia sin que nada de esto pueda afectar a la opinión de sus votantes que no tienen en cuenta sus tropelías, o si las tienen, las aceptan y las perdonan con toda naturalidad; lo que me lleva a cuestionar la sociedad en la que vivo y la credibilidad del sistema político que la ordena.
¿Sirve para esto la democracia que nos venden como el más perfecto de los sistemas realizables? Yo espero que no, porque de ser la respuesta afirmativa, ya deberíamos de ir pensando en buscar otro aunque fuera experimental.
Pero el paralelismo entre estos dos “presuntos” corruptos que más llama mi atención es de cómo al verse acosados recurren al patriotismo como vía de escape y justificación de sus actos. Camps lo hizo el año pasado al ser acosado por la oposición que le recriminaba sus actos en sesión parlamentaria: "Se acoge usted a lo único que le queda, el Código Penal. Yo me acojo a la senyera y a mis conciudadanos" Estas fuero sus palabras de respuesta como si la bandera nacional o regional y el voto de los ciudadanos legitimara los actos delictivos.
Berlusconi, dice no estar preocupado al ser procesado por tan deleznables delito y dice que continúa en el cargo y que “por amor a la patria de eso no hablo”.
El paralelismo es más que evidente, lo que nos lleva a la  conclusión de que en esta sociedad y en este ordenamiento social, la masa está preparada para perdonar a estos personajes, siempre y cuando sean poderosos y adinerados y revistan sus actos de un colorido nacional y patriótico.
Una vez más se demuestra que lo imperdonable es la pobreza y que el “patriotismo es el último refugio de los canallas”.

4 comentarios:

  1. Claro, pasa igual que con los inmigrantes, cuando vienen en patera molestan y nadie les quiere, pero si vienen a invertir y a dejar dinero todos les dan la bienvenida y presumen de ser sus amigos.
    Es lo que pasa en una sociedad en la que lo propiamente humano queda relegado al vagón de cola.

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  2. El cavalieri no deja de sorprendernos a todas horas y los italianos, cuantas mas hace mas le quieren. Me sorprende la "madurez" de ese pueblo.

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  3. Estoy de acurdo con los comentarios sobre
    Camps y Berlusconi, pero también hay una enorme corrupción en Andalucía con los famosos ERE y de eso no mienta nada quien ha escrito este artículo.

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  4. Anónimo

    Siento no haber visto tu comentario, pero aun así, ya ves que te he hecho caso. De todas formas, aquí no era el enfoque directamente sobre la corrupción, que es algo que me crispa sobremanera, aquí me refería a cómo los canallas buscan el refugio del patriotismo para lavar sus tropelías y a la similitud de actitud entre Berlusconi y Camps sobre este tema.

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