lunes, 9 de mayo de 2011

La revolución, ¿Definición sin contenido o contenido sin definición?


Los tres que vendieron el movimiento obrero europeo en el Siglo XX


Cuando en 1977, Santiago Carrillo, Enrico Berlinguer y Georges Marchais deciden vaciar a sus partidos, fuerzas transformadoras hasta ese momento, de todo contenido ideológico y revolucionario para adaptarlos a las exigencias descafeinadas de la OTAN y de los Estados Unidos, tal vez pensaron que esa sería la única forma posible de que el imperio les permitiera gobernar en sus países y, de esa forma, acceder al poder en ellos para ostentar el placer de unas vidas opulentas disfrutando de mansiones y coches lujosos que, al fin y al cabo, debía ser lo único que les importaba.



Esto no ocurrió porque los Estados Unidos siguieron manteniendo su veto a toda organización comunista, ya habían sido bastante generosos permitiendo que la social democracia gobernara y al moldearla según las  formas requeridas por la idiosincrasia de la estructura capitalista imperial, por lo que el arduo intento de los líderes eurocomunistas por adaptarse a las normas de la metrópolis, resultó tan catastrófico  como infructuoso.
Este acto, que en síntesis podemos definir como de conservar los términos calificativos -comunistas en este caso-,  para vaciarles de todo contenido y a la vez aportarle otros extraños y radicalmente opuestos a su verdadero origen, trae como consecuencia la destrucción de la organización de la lucha de clases y de los obreros europeos por su emancipación en toda la Europa Occidental de la época y sus nefastas consecuencias llegan hasta nuestros día en los que podemos ver como los movimientos contestatarios de la sociedad deambulan  huérfanos de todo elemento organizativo y referente histórico e ideológico.
De esta forma podemos contemplar como los desheredados y oponentes al sistema vigente van de un lado a otro, creando movimientos culturales, plataformas, organizaciones de protesta que no causan la más mínima preocupación al poder porque saben que no son una amenaza de momento ya que no existe una fuerza política revolucionaria capaz de materializar sus reivindicaciones de una forma concreta y contundente.
El resultado de esto es que dos partidos que en total no llegan al cincuenta por ciento del electorado español se reparten el país para saquearlo y perpetrar un sistema caciquil pseudodemocrático con la absoluta y total complicidad de la monarquía española.
Ante este hecho los revolucionarios o los partidarios de la transformación radical de la sociedad, términos que a la postre vienen a significar lo mismo, ¿Debemos permanecer impasibles porque los partidos desde los que luchábamos hayan sido destrozados por unos lideres sin escrúpulos impuestos y formados a tal fin o debemos buscar la forma de dotar a las masas contestatarias de una organización capaz de materializar sus demandas y presentar una alternativa real no ya al poder que gobierna sino al sistema que sustenta dicho poder?
La respuesta se omite por su obviedad.
No nos engañemos, hay formas que se crearon cuando los hombres segaban con hoces y los mensajes se trasladaban transportados de una forma material. En aquellos tiempos las policías políticas iban a buscar a los revolucionarios a sus casas y hoy les mandan una máquina, avión no tripulado o como se llame, cargada de bombas y le hacen saltar por los aires. ¿Por qué? Porque estamos pasando de la era digital a la era de la inteligencia artificial y los medios que nos valían hace un siglo, ya no valen ahora.
Sin embargo, los contenidos revolucionarios y los hechos que provocan la urgente necesidad de la transformación social siguen estando ahí con su causalidad elevada a la enésima potencia: La desigualdad social es más grande que nunca tanto en el ámbito local como global y del mismo modo lo es la injusticia social y la indiferencia de los privilegiados hacia aquellos que sufren la precariedad y la miseria, por tanto, y dado que el camino que recorrieron los destructores de las formas revolucionarios y movimientos emancipatorios del siglo XX fue vaciar de contenido revolucionario aquellas teorías; nuestra labor debe ir encaminada a dotar de dicho contenido a los nuevos movimientos sociales reivindicativos que se producen en la actualidad, teniendo siempre muy presente las necesidades actuales de los pueblos y las particularidades de la época en la que vivimos.

Los errores cometidos en el pasado, deben servirnos para rectificar en el presente.

2 comentarios:

  1. No entiendo de que contenido quereis dotar a las nuevos movimientos, por ejemplo a los antisistema, de que contenido se les puede dotar si solo saben montar broncas y quemar contenedores? o todoe estos grupos que salen ahora, no se ve nada serio.
    Mejor sería votar a un partido que defienda tus intereses y punto.

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  2. El contenido es como todo; tienes que tenerlo para darlo.
    Robespierre lo tenía y lo transmitió.

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