lunes, 5 de diciembre de 2011

A mí no me gusta Putin



Es más, no me gusta Rusia Justa, ni Rusia Unida y hasta me atrevería a decir que no me gusta el Partido Comunista de la Federación Rusa pero, gustos y antojos aparte, entre estas tres formaciones, que son la izquierda rusa, tienen casi el 85% de los votos del electorado ruso. Por algo será que el voto que ha perdido Rusia Unida no ha ido para la derecha y sí para formaciones de izquierda. El recuerdo del saqueo que los oligarcas inmorales con Boris Yeltsin a la cabeza cometieron sobre el pueblo ruso está muy reciente como para ser olvidado.




No me gusta Putin, sobre todo, porque no se atrevió a enfrentarse a los oligarcas y hacer que devolvieran todo lo que robaron al pueblo, pero por el contrario tengo que reconocer que sus logros están ahí, en forma de progreso , de modernización del país y bienestar para una gran mayoría de los rusos y por eso les siguen votando.




No, a mí no me gusta Putin, pero a los medios occidentales neoconservadores y neoliberales al servicio de las grandes fortunas y grupos corporativos mundiales les gusta mucho menos, sobre todo a un grupo mediático español con financiación de un oligarca rumano de sangre judía que por la versatilidad consiguió formar parte de ese grupo de cuatreros oligarcas que saquearon al pueblo ruso allá por los años 90 y que luego invirtió parte de su botín en la creación de un grupo mediático que vio la luz entre los años 2006 y 2007, que se dice de izquierdas y que hoy día es el amo del fútbol español que, dicho sea de paso, nunca estuvo ni tan capitalizado ni tan monopolizado como lo está bajo su dominio y eso que el hombre de paja de este oligarca en España es de los que todavía presume de ser marxista y dice en círculos íntimos que se convirtió al capitalismo para cambiarlo desde dentro. A este oligarca y a sus secuaces les gusta Putin mucho menos que a mí, tal vez porque Putin le paró los pies y no pudo llevar a cabo la colonización mediática de Rusia que tan felizmente se prometía.
A los medios neoliberales y capitalistas que se ponen la etiqueta de progresistas para explotar y engañar al pueblo les gustaba mucho más el gobierno Yeltsin porque este les garantizaba que sus empresas afines controlaran Rusia mientras ellos entraban en el espacio mediático ruso para distraer al pueblo y que la explotación pareciera un estado democrático y de derecho con vetustos y decrépitos tribunales incluidos. Lo que pasa es que un pueblo que ha derrotado al mayor peligro que se ha cernido sobre la humanidad (la Alemania nazi) a base de sacrificios y sangre derramada no se le puede engañar tan fácilmente y por eso surgió Putin para poner freno al pillaje de los oligarcas y evitar que Rusia como potencia se fuera deteriorando y pudriendo hasta desaparecer que era lo que ellos pretendían para satisfacción de sus amos del otro lado del Atlántico. Ese es el motivo principal por el que a estos charlatanes de la mercadería a los que llaman medios les gusta Putin mucho menos que a mí.
Porque la realidad es que Rusia ha pasado de ser un imperio derruido y en vías de extinción, como era en tiempos de aquel despojo humano llamado Yeltsin, a ser una potencia moderna y con la suficiente capacidad de disuasión bélica y tecnológica como para intentar poner freno a los desmanes y abusos de las decadentes potencias occidentales en el terreno estratégico internacional y para conseguirlo en varios campos como América Latina y ahora con Siria e Irán que de no ser por la intervención rusa ya hace tiempo que habrían sido invadidas y su petróleo alimentaría los enormes coches de los grandes traseros obesos norteamericanos.
Ya sabemos que en esto de la política internacional casi nada es como parece ser y nada es como nos lo cuentan los medios y cuando grupos mediáticos son capaces de mostrar los mismos cadáveres colgados de una grúa millones de veces en todo el mundo y de formar una lista de muertos por la represión tomando como base un listín telefónico e ignorar que países aliados cometen iguales o peores crímenes es que además de estar falseando la información se está tramando algo gordo que va a afectar a muchas vidas como siempre que los poderes occidentales se confabulan para preparar su máquina bélica y mediática para sembrar el suelo de un país de víctimas inocentes como las 80 mil que quedaron sobre la tierra de Libia, cuyos civiles fueron a proteger. Para todo esto, el incordio ruso, con su neutralidad y la información que propagan sus medios es algo molesto que lo sería mucho menos sin Putin y ese es otro motivo por el que todavía les sigue gustando mucho menos que a mí.



La ridiculez de los medios españoles y occidentales llega al punto de deslegitimar unas elecciones rusas por el hecho de que haya dos mil manifestantes en Moscú, cuando en las generales españolas en un país mucho más pequeño que Rusia durante la jornada de reflexión y en días posteriores hubo concentraciones iguales o mayores en (no una) varias ciudades españolas de personas que mostraban su desacuerdo con el sistema electoral español y con el alejamiento palpable de la clase política respecto al pueblo llano.
En el mismo tono desproporcionado e inecuánime nos presentan los resultados de Rusia Unida (49,54% de los votos) como un fracaso electoral ya que supone la pérdida para Putin de la mayoría absoluta legislativa. Pero si los medios españoles están preocupados por la calidad de la democracia, lejos de extrañarse porque Putin no pueda formar gobierno sin llegar a un acuerdo con alguna otra formación, lo que deberían hacer es preguntarse cómo es posible que en España un partido como el Partió Popular ha podido obtener una mayoría absoluta aplastante con el 44,62% de los votos emitidos o cómo un partido como CiU tiene 16 diputados con un millón catorce mil votos y otro como IU con un millón seiscientos ochenta mil, tiene solo 11. Ya que estamos tan preocupados por la democracia, al menos deberíamos evitar que el plumero fuese tan visible.
Porque, estamos de acuerdo, la paja en el ojo ajeno se ve muy fácil, pero la viga es mucho más fácil de detectar para cualquier extraño a poco que se detenga a observar.


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