viernes, 2 de marzo de 2012

Unidad de acción en la lucha, una necesidad vital

Hay tal confusión arrojada sobre los términos socialismo y comunismo que hablar de cualquiera de los dos supone un riesgo de ser encasillado en uno de los estereotipos descalificantes prefabricados por la burguesía. Pero por otro lado, la burguesía sabe que la única forma que tiene de conservar sus privilegios es descalificar sistemáticamente y arrojar una nube de tinta de mentiras y confusión sobre las masas. Así que, cuanto más peligroso sea para el modo de vida burgués un concepto social o idea política ,más mentiras y confusión tiene la obligación de arrojar sobre él. Por una razón de pura lógica, yo no voy a combatir nunca aquello que me es beneficioso o afín a mis intereses; lo haré contra aquello que vea como peligroso y perjudicial.


Si observamos detenidamente la realidad desde esta perspectiva, veremos que en la actualidad los ataques más agresivos por parte de los medios conservadores y ultraconservadores defensores del estado de injusticia y diferencias sociales burguesas van dirigidos y siempre en este orden de prioridad contra comunistas, sindicatos y socialistas, aún sabiendo que el Partido Socialista es en su mayoría burgués, capitalista y liberal. La explicación a esto último la podemos hallar en la minoría que representa en el partido la corriente marxista que, aún no teniendo ni vos ni voto en el partido, conserva viva la llama revolucionaria (muy marchita eso sí) y existe la remota posibilidad que un día se convierta en dominante y recupere el partido para la lucha por la emancipación de las clases oprimidas. Aparte y como ya hemos dicho otras veces, el capitalismo y el liberalismo combaten el término socialista por el simple hecho de ser la definición de su antagónico.
Pero últimamente se producen unos feroces ataques contra el socialismo, comunismo y sindicatos,  procedentes de unos sectores sociales que se autodenominan revolucionarios cuyo sentido de su revolución está todavía por definir. Me estoy refiriendo a los procedentes de las distintas plataformas que se integran en el denominado Movimiento 15-M. Estos ataques, a simple vista pueden sorprendernos, ¿Cómo un movimiento que se dice revolucionario ataca a otros que son revolucionarios como ellos? Sencillamente porque la revolución que pretenden no es afín a la revolución socialista, sino antagónica. Así que si lo analizamos detenidamente, veremos que estos ataques son muy lógicos.
Dentro del Movimiento 15-M existen varias tendencias y plataformas convocantes. Una de ellas y después de haber participado en varias reuniones en su etapa inicial, llegué a la conclusión que estaba siendo fundada con la única intención de provocar la división en el electorado de izquierdas, con el fin de restar votos al Partido Socialista, entonces en el poder y propiciar la llegada del Partido Popular, como así ha sucedido. Analizando la ideología de sus componentes y su discurso, vi que era un discurso nacionalista español, burgués y más interesado en sacar a Zapatero de la Moncloa que en ofrecer a la sociedad una propuesta concreta. Para estos sectores sociales, queda claro que el socialismo, comunismo y sindicatos son sus enemigos como lo son de cualquier grupo capitalista y burgués. Luego los ataques a las centrales sindicales ya no resultan tan extraños y están más que justificados.
Fieros ataques se han producido contra los sindicatos en los últimos días provenientes de la plataforma DRY., y la verdad es que tampoco extrañan en absoluto. Porque si bien en principio DRY nos pudiera parecer una plataforma más progresista que NLV, en esencia es democrática, con tintes anarcocapitalistas y está apoyada por cierto sector intelectual vanguardista. En el fondo no busca una transformación del actual sistema, sino una reforma para perpetuarlo. Siempre me ha confundido que se usara el término “real” y no el verdadero o auténtico, más aún cuando al contrario que con los sindicatos, todavía no he visto una mínima crítica a la corona por su parte y creo que algún motivo ha habido.
Otros encarnizados ataques a los sindicatos, comunismo y socialismo son a diario lanzados desde las filas de los sindicatos anarquistas y desde sus sectores ideológicos y puede que existan motivos o que estos sean justificados pero, tanto en este caso como en el anterior de DRY, atacar a los sindicatos como tales en las actuales circunstancias, en las que necesitamos como nunca su participación para luchar todos juntos contra la reforma laboral que ha elaborado el gobierno ultraliberal y ultraconservador del PP., me parece, como mínimo de una extrema torpeza.
El odio de la CNT y en menor medida de CGT a los sindicatos UGT y CC OO, se debe en su mayor parte a que estos últimos han sido nombrados “sindicatos oficiales” por los sucesivos gobiernos, tanto del PP como del PSOE y han recibido de estos subvenciones y privilegios que les han sido negados a los sindicatos anarquistas que, tal vez por no tener la opulencia de los otros dos, han sido ejemplares en la defensa de los intereses de la clase trabajadora, cosa que no se puede decir de los oficiales, lo reconozco.
En cuanto a las controversias existentes entre el movimiento obrero anarquista y el socialista, todos sabemos las que son y que vienen arrastrando desde lejos en el tiempo. Para otro momento dejaremos expresar opiniones de por qué creo que unos están más acertados en sus posicionamientos que los otros. No creo que sea este el momento de encarar ese debate.
Vemos pues que los ataques procedentes de sectores revolucionarios o supuestamente revolucionarios no son nada extraño y que por el contrario tienen una base lógica e ideológica perfectamente fundamentada en controversias que se arrastran a lo largo de la Historia o tienen un fundamento político y social de intereses bien definidos.
Admito que los enfrentamientos y controversias pueden tener su motivación y su lógica sobre todo de aquellos que desde un punto de vista conservador de los defensores de la sociedad de libre mercado y de explotación del hombre por el hombre. Es normal, para poder ejercer el dominio sobre las clases trabajadoras como los pretores del Imperio Romano lo ejercían sobre sus esclavos, no hay nada mejor que suprimir los sindicatos y erradicar el movimiento obrero y las ideas del socialismo y del comunismo. Por tanto, ellos defienden lo que tienen y quieren conservarlo o ampliarlo con la ayuda de los gobiernos afines como este que ahora nos toca sufrir. Si me apuran, diría que hasta tienen el derecho democrático de hacerlo y de luchar por ello, de la misma forma que los humanamente bien nacidos lo tenemos a combatirlo y a impedir que lo consigan.
Pero a todos estos movimientos y plataformas que dicen estar en la calle luchando contra el actual sistema y los recortes; la reforma laboral y tantos abusos contra los más débiles cometidos por el actual gobierno y anteriores, yo les haría unas simples preguntas: ¿Tanto odiamos a los sindicatos como para poner en peligro el objetivo que decimos perseguir y favorecer la implantación de las medidas que decimos combatir en la calle? De ser así sería bueno saberlo y que todos lo supieran.  ¿Puede más el odio que sentimos hacia los sindicatos oficiales y el socialismo y tanto como para propiciar que los bancos y gobiernos conservadores de todo el continente se salgan con la suya gracias a nuestras divisiones y enfrentamientos?
No es la hora de insultarnos unos a otros a través de los distintos medios, sino de centrarnos en la lucha y en lo que nos une para conseguir una unidad de acción que haga que los gobiernos y poderes financieros se traguen una a una sus reformas. Después, ¡Tiempo habrá! Para que la sociedad nos diga si quiere ser anarquista, socialista, comunista o simplemente demócrata-realista. Pero lo urgente ahora, es parar la tormenta que se nos está cayendo encima, rayos y truenos incluidos. Y para eso, y solo para eso; debemos golpear juntos, aunque en realidad, marchemos separados.


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