miércoles, 22 de agosto de 2012

Andalucía, tradición de lucha que debe abrirse a España y al Mundo



Poco sabe el PP de la Historia de la Patria Andaluza  cuando tan ligeramente califica al Juan Manuel Sánchez Gordillo de golpista y totalitario.
Vamos a tener que pensar que aquí todo lo que no sea bajarnos los pantalones para que la derecha y la burguesía española, disfrazada  o no  de partido socialista de raíces obreras, nos meta su estado de esclavismo y opresión va a ser calificado de totalitarismo golpista o que todo conato de rebeldía o protesta contra los abusos que se imponen a la sociedad con el único fin de salvar los beneficios de los grandes entes económicos globales va a ser calificado como un acto de terrorismo totalitario.
Nada más lejos de la realidad. Ni Sánchez Gordillo es un totalitario ni las personas que hoy día protestan  por los ajustes a los que la derecha somete a los pueblos de España son unos comunistas totalitarios. Esto último, por desgracia, porque si todos los que han salido a protestar a la calle en estos meses hubieran sido comunistas convencidos,  me temo que nuestros mandatarios y nuestro rey no estarían tan tranquilos de vacaciones haciendo uso de sus privilegiadas posiciones y despilfarro de los recursos del pueblo como si estos les pertenecieran por designio divino. Por suerte para ellos no son más que unos ciudadanos cabreados y por ello pueden seguir en los palacetes y palacios del pueblo como si fueran suyos, pegándose la vida padre a costa del sacrificio del pueblo.
Protestar por el estado de injusticia en el que a derecha y las clases privilegiadas españolas, a veces desde un partido de tradición socialista, obligan a vivir a la mayoría del pueblo para mantener sus privilegios no es ni totalitario ni golpista. Simplemente son actos de protesta y, como aquí se haga lo que se haga nadie les tiene en cuenta, han realizado algunos actos, digamos extremos, para atraer la atención mediática y lograr mayor difusión.

No soy de la cuerda de Sánchez Gordillo porque no coincido con él en ciertos matices nacionalistas, pero por otro lado,  creo que pertenezco a esa raza de andaluces que aspiran a ganarse el pan con honradez y a vivir con dignidad del fruto de su trabajo y en ese aspecto me identifico plenamente con el SAT y sus acciones. Aquí no todos son señoritos a caballo, ni vivimos todos del PER ni somos pícaros corruptos como los del Caso Malaya ni el de los ERE que, para colmo, la mayoría de ellos ni son andaluces. Andalucía somos gentes nobles y trabajadoras que reivindicamos la posibilidad, no de que nos den pan, como reza el lema histórico de “pan trabajo y libertad”, tan usado en nuestra tierra, sino de que no nos priven de la forma de poder ganarnos con trabajo ese pan que nuestras familias necesitan.
En ese sentido, si los militantes del partido de los señoritos a caballo y lujosas mansiones en urbanizaciones de lujo se hubieran preocupado de estudiar un poco la Historia de nuestra tierra, sabrían que lo de Sánchez Gordillo y el SAT no es algo que se haya dado de la noche a la mañana en Andalucía, sino que viene de lejos y que personajes como él o como Rafael Pérez del Álamo y los movimientos obreros, anarquistas, socialistas y nacionalistas, son de larga tradición en Andalucía.

Los movimientos y revueltas que se produjeron en Andalucía en el Siglo XIX están a punto de reproducirse ahora de nuevo, sencillamente porque el capitalismo nacional español no ha sabido poner soluciones a los problemas que desde aquellos tiempos arrastra la sociedad andaluza y no ha querido ni sabido erradicar la concentración de las propiedades en una minoría selecta o la situación de pobreza que afecta a amplias capas de la sociedad andaluza sencillamente porque los recursos y la posibilidad de generarlos está bloqueada por el sistema de propiedad burguesa que concentra todo ello en unas pocas manos que, para colmo de males, son totalmente incapaces de realizar acciones destinadas a la multiplicación y generación de nuevos recursos y se limitan a disfrutar de lo que tienen e impedir que los sectores más bajos de la sociedad andaluza puedan prosperar, tal vez porque ello les otorga la garantía de conservar sus privilegios.
Sánchez Gordillo lo que hace es liderar a una parte importante de estos sectores de la sociedad andaluza en su protesta contra este estado de cosas y pedir que se pongan soluciones definitivas que posibiliten esta parte del pueblo trabajar para crear la riqueza y el bienestar social que la burguesía andaluza ni crea, ni deja crear.
Ahora resulta que lo totalitario y golpista es pedir que se pongan soluciones a una situación de injusticia que ya va camino de prolongarse más de dos siglos y lo democrático y legal es mantener esa situación y tener el derecho de explotar al pueblo y la potestad de impedir que pueda ganarse la vida honradamente con su trabajo. Yo más bien diría que los totalitarios son estos últimos y además, aseguro que son los que sobran en el guión de esta película.
Porque, está claro, que mientras existan los sectores privilegiados y estos tengan la propiedad de los recursos del país y la capacidad de tenerlos en un punto muerto e improductivo mientras, como dicen ellos, “no les pidan pan”; la posibilidad de que otros trabajen esos recursos para generar prosperidad y riqueza queda anulada.
Luego esos recursos deben ser intervenidos y redistribuidos y, esta es una de las diferencias que puedo tener con el movimiento andalucista de Sánchez Gordillo, no se podrá hacer mientras que un gobierno de derechas español junto con unas fuerzas de Seguridad del Estado y un Ejército jerarquizado y a las órdenes del capital y la burguesía estén dispuestos a intervenir para salvar los intereses de la élite social que mantiene al país en punto muerto, como ya ocurrió con el levantamiento del General Franco.
Por lo tanto, hay que trabajar para tomar el poder y el control en la totalidad del estado y, estando apoyados por una abrumadora mayoría social, acometer las reformas que el país necesita en su conjunto que son la reconstrucción completa de todas las instituciones del estado, sacando todos los restos del pasado y renovándolas por completo.
Pero en el hipotético caso de que lográramos organizar un partido con la suficiente disciplina interna y el fondo ideológico para acometer esas reformas con garantía de éxito, que éste no fuera adulterado ni tomado por las fuerzas de infiltración capitalistas y que consiguiéramos ganar unas elecciones con una mayoría suficiente para acometer las reformas que el país necesita; lo primero que encontraríamos es que la UE y los otros tratados internacionales a los que hemos sido adheridos se nos pondrían en contra y tendríamos que tener la suficiente fortaleza para denunciarlos, salir de ellos y aguantar la campaña de acoso  de la que seríamos objeto.
Por eso, hay que insistir una vez más en lo mismo: A nivel local hay que formar una organización o partido obrero de vanguardia y de lucha que verdaderamente defienda los intereses de los más débiles, agrupando organizaciones existentes y buscando la unidad más que, como se hace en la actualidad, la independencia política e ideológica o salvar el pequeño feudo del que somos reyes y que al final nos da el resultado de que somos reyes de la nada porque nada contamos y los que mandan son los de siempre.
A nivel local y nacional hay que trabajar para buscar la unidad en la lucha y agrupar para crear un gran partido que sea nuestra herramienta y nuestra fortaleza frente a los ataques de la burguesía y sus lacayos. Jamás dividir o buscar la acción suicida en solitario. Las experiencias andaluzas del siglo XIX son el vivo ejemplo de que éstas solo conducen al fracaso.
Pero, a la vez que se planta batalla en el terreno local y nacional, no hay que olvidar que es desde fuera desde donde sin duda apoyarán a los que solo quieren conservar sus privilegios y mantienen a los pueblos de España a un paso de la miseria y de la esclavitud. La lucha por tanto debe ser internacionalista y anticapitalista porque hasta el momento en que el capitalismo mundial y el imperialismo no salten por los aires, no existirá la posibilidad de la liberación de los pueblos ni ninguna acción social o política que no sea la de su fortalecimiento para que perviva el estado mundial de la ignominia permanente y la injusticia generalizada.
Espero haberlo dicho con la suficiente claridad para ser entendido hasta por los más férreos defensores del neo feudalismo de Friedman o del hospicio keynesiano.

Concluyendo: Las acciones de Gordillo y el SAT no son actos totalitarios ni golpistas como dicen los miembros  del partido de la derecha rancia andaluza, sino actos que se encuadran en la tradición de la lucha obrera de Andalucía, de corte socialista y libertaria. Mientras que los miembros de la derecha y de los otros partidos y sindicatos mayoritarios están disfrutando de sus vacaciones de verano, el sindicato de los trabajadores andaluces está dando el callo y luchando por los más débiles en una actitud que demuestra claramente su honestidad e integridad social y política. Pero, estos actos de protesta, por sí solos, morirán en la red de la nada burguesa si no se trabaja para la unidad de acción y la organización a nivel nacional e internacional.


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