sábado, 11 de agosto de 2012

La columna maestra de la casa de Bernarda la de los lobos




Así como en ciertos países del mundo como China, Israel  o Vietnam podríamos decir que partieron de cero en la construcción de una sociedad nueva para encarar el futuro, en el caso de cualquier país europeo (descontando algunos de los que conformaban el bloque oriental) nos encontramos con fuertes bastiones que nos impiden cualquier tipo de movimiento hacia una renovación de la sociedad.
Bastiones tradicionalistas que ocupan lugares de privilegio que eliminan cualquier intento de mirar al futuro con la amplitud de visión necesaria para la renovación total de la sociedad que nuestros pueblos necesitan.


En el caso concreto de España, estas murallas de inmovilismo, autoritarismo e intolerancia están fuertemente anclados en una supuesta grandeza nacional heredada que existe solo en la mentalidad visionaria y alucinógena de los adeptos a un concepto social caduco que aporta una cierta opulencia a una clase minoritaria y decrépita mientras que la inmensa mayoría de  los pueblos que conforman la geografía española viven en la precariedad y la miseria, así como en un atraso endémico y perenne.
Los pilares de esta España Imperial y tradicionalista que hoy ahoga a los pueblos que la componen y que en el pasado ahogó y tiranizó a una gran cantidad de pueblos del mundo para establecer un dominio del Imperio que pasados los siglos quedó en un fracaso estrepitoso, en la nada más absoluta y en el odio que muchos pueblos nos tienen sin pararse a pensar que las primeras víctimas de aquellos asesinos despiadados que se desplazaban por el mundo éramos nosotros; los sufridos españoles que ni entonces ni ahora tuvimos las suficientes agallas para librarnos de esa estirpe pútrida que en aquellos tiempos se podía personalizar en la figura de Fernando Álvarez de Toldo y Pimentel, primer Duque de Alba, y hoy, cinco siglos después en la de su descendiente, Cayetano Luis Martínez de Irujo y Fitz-James Stuar, futuro Duque de Alba.
Sí, los pueblos de América fueron diezmados por aquellos caballeros sanguinarios de la misma forma que lo fueron los pueblos de España. Esta es una verdad que conviene recordar, porque ni son nuestra representación ni nuestros amigos sino los tiranos a los que debemos extirpar si aspiramos a construir un futuro de prosperidad en libertad.
Esta estirpe de la tiranía y la barbarie, llena de títulos nobiliarios y medallas como los que se arrogó su valedor, Francisco Franco, para toda su familia de plebeyos desposados con nobles decrépitos como el Marqués de Villaverde, fue la que se agrupó entorno a los generales golpistas en 1936 para masacrar a la clase obrera española y asesinar a sus dirigentes y anida en tres madrigueras claves de España desde tiempos que son, Ejército, Iglesia y Nobleza. Desde ellas han conspirado desde tiempos inmemoriales en luchas de poder y en guerras por todo el mundo y por todo el continente europeo por privilegios hegemónicos y por mantener a los pueblos de España bajo su yugo de ignominias.
Hablan España en tono de exaltación como si ellos fueran España. Pero no les creáis, España no son ellos porque España somos los pueblos y gentes que viven y trabajan para salir adelante con trabajo, sudor y sacrificio y a pesar de ellos. España somos nosotros. Ellos son nuestros parásitos y nuestros tiranos y va llegando la hora de deshacernos de ellos para siempre.
En el día de hoy, a toda esa estirpe de chupasangres incapaces de dar un palo al agua pero que poseen un instinto sanguinario y asesino que para él lo hubiera querido Herodes, la encontramos girando alrededor del Partido Popular, haciendo juegos malabares para salvar el sistema capitalista que quisieron imponer y que hace aguas por todas partes. No tienen más recetas que las que han aplicado toda la vida: sangrar al pueblo con impuestos y diezmos y pedir prestado a los poderosos y ricos del continente para seguir financiando su pomposo ritmo de vida ficticio y ostentoso. No hay que sorprenderse porque llevan haciendo lo mismo casi seis siglos. Fue así como se dilapidaron toda la plata el oro y demás riquezas que robaron en América y otros lugares del mundo.
Por cierto, no hay que perderse el detalle de que a los indios que hacían esclavos para no molestarse en sacar ellos la plata y el oro les desposeyeron del alma para decir que, “como eran animales, no importaba que fueran esclavos” y así les tenían trabajando en las minas hasta que morían desfallecidos y de cansancio. Porque, previamente, la Iglesia Católica había declarado que los indios y negros no tenían alma y que por tanto no eran esclavos, sino animales de trabajo. Y cómo animales les hacían trabajar. Tengo que reconocer que con los plebeyos españoles no llegaron a tanto, pero la diferencia no era mucha.
Todo esto es Historia y está escrito. El que quiera que lo constate. Hay fuentes de credibilidad contrastada que lo atesoran en los archivos y bibliotecas de todo el mundo.
Cuando pienso en estos hechos verificados e históricos y al rato veo a un indio nativo de América afirmar que es católico y alabar a Jesucristo… La verdad es que no sé si reírme o salir gritando y corriendo al mismo tiempo.
Los pueblos de España, de sus diferentes regiones, nunca han llegado a levantar cabeza porque esta casta inservible incrustada en lo más alto de la sociedad española no les ha dejado. Pura y llanamente. Porque a su total incapacidad para poner en marcha un solo proyecto capaz de generar riqueza, se ha unido a lo largo de los siglos su facilidad para inventarse nuevos impuestos y diezmos para empobrecer a la población y con los que financiar sus erráticos proyectos y sus ansias de grandeza. Hace doscientos años era una campaña militar contra Francia, ahora es el Aeropuerto de Castellón. La cuestión es que ambas costaban una fortuna y acaban en desastre y definen a la perfección la forma de trabajar y de entender la vida de nuestra clase parasitaria dominante: Tiranizar al pueblo,  pedir préstamos a Europa y diezmar al pueblo para pagar esos préstamos y sus intereses, con lo que al final pasaba lo de siempre, que es que la riqueza generada por los españoles sigue el mismo camino que la plata y el oro de las Américas y va a parar a las arcas de los grandes magnates judíos y europeos.
¿Ha aprendido algo la casta dominante española tras seis siglos de esclavizar a los pueblos y pedir prestado en Europa? Sí… ¡Claro! Ha aprendido que pidiendo en Europa ellos viven como dioses y que luego los españoles pagamos. Y que si se endeudan más, los españoles nos sacrificamos más y pagamos más. ¡Buena táctica! ¿No? Si les va tan bien… ¿Para qué la van a cambiar…?
¡Todo es fantástico! A los españoles nos cuentan que somos campeones del mundo, que ganamos una medalla y, ¡hala! A trabajar como burros para pagar  los desmanes de nuestros obispos, reyes y políticos… ¡Qué bella es la vida! ¿No?
Como dije antes, toda esta estirpe de chalanes de circo y pompa que desde la Armada Invencible hasta nuestros días ha hecho de España el más absoluto desastre jamás vivido, se acomoda en tres guaridas: Iglesia, Ejército y Nobleza, y demás autoridades del Estado; es la misma que se unió alrededor de Franco y es la que ha propiciado el triunfo del PP en las pasadas elecciones y la que se encuentra encantada con sus políticas de ajuste porque estas nefastas políticas tienen el principal objetivo de salvar sus cortos y grasientos cuellos como el golpe militar de Franco. Todo muy normal. Porque nadie quiere morirse y mucho menos que le maten. Pero si encima pagan otros…
Pero… Hay algo que todavía no he dicho (aunque creo que se intuye y se sabe) y es que las tres guaridas de la decrépita estirpe, se asientan sobre una sola columna maestra. Una sólo: La Monarquía…
Ellos lo saben, lo sabían en los años treinta y los saben ahora. ¿Lo sabemos nosotros? Y, si lo sabemos, y si conseguimos derribar esta columna maestra… ¿Sabemos lo que hay que hacer para que no vuelvan a construirla?
…. Continuará


Siento la pasión y el temblor del terremoto de Japón cuando tus labios besan mis labios. ¡Bésame, cariño!


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