lunes, 24 de septiembre de 2012

Perendengue, Campechano y la campanada de la Campanera


Si Obelix viviera en nuestros días, seguro que diría aquello de, “están locos, estos americanos”.  Y es que desde la perspectiva de un hombre buenazo y brutote que vivió en los tiempos de la Roma Imperial, que el Imperio cambie de emperador cada siete u ocho años, debe parecer una verdadera locura.
Por aquellos tiempos eran más prácticos; tenían un emperador y lo aprovechaban durante toda su vida útil y si por cualquier motivo se estropeaba o no les ponía bastantes espectáculos de cortar cabezas en el circo, lo mataban y otro. Además, aquellos emperadores mandaban, no como estos, mandaban mal, pero eso sí, mandaban mucho. Debia ser por aquello de que “lo que no hagas en calidad, hazlo en cantidad”.

Aquí no, aquí los americanos, cada ocho años nos cambian el emperador y tenemos que aguantar al que está, que casi siempre se las trae, y a todos los que estuvieron hace poco y que no se han muerto, cosa que ocurre de tarde en tarde porque, con esto de la eficacia de la medicina moderna, pues la verdad es que tardan en morirse más que dura un martillo enterrado en un pajar.
Pero el colmo de la desproporción es que no mandan. Ni los que estuvieron ni los que están. No mandan. Son como jarrones chinos que ponen en esa mansión que llaman la Casa Blanca para que se entretengan matando terroristas con la PlayStation y salgan en los medios de vez en cuando diciendo algo que, alguien, les ha escrito previamente.
El Billy este que ha ido a ver nuestro jarrón chino para promocionar la marca España, se lo montaba mejor para matar el tiempo. Este se rodeaba de becarias de de grandes pechos y labios exuberantes y: “Venga, chicas, al salón, que estamos de fiesta”.
Con este personaje se ha reunido nuestro zarcillito particular para convencer al mundo de que, aunque España va fatal, gracias a la gestión de Perendengue, dentro de poco irá bien. Lo que no sé, es si entre que te sientas en la silla, me siento en el trono o te sientas en el poyo,  juntas las joyas de España y el Imperio, habrán rememorado los tiempos de gloria del ex emperador en el famoso despacho oval rodeado de becarias.

Allá por tierras de Gerión, que son las mismas de mi madre y por suerte las mías; esas donde antiguamente las mujeres se iban a las arenas y cogían los camarones para la tortilla con el delantal, había un personaje de ferias que sobrevivía amenizando las juergas, jaleando a los artistas y contando chistes. Lo llamaban Perendengue, que por ende significa, joya de poco valor que se suele llevar colgada. Algo así como un colgante o un zarcillo de bisutería.
De perendengues, con todos mis respetos al referido que, al menos hacía reír, nuestra España está más llena de lo que sería recomendable por sano y razonable. Pero entre todos ellos voy a elegir al que nos han puesto de Presidente, aunque a éste, más que Perendengue habría que llamarlo dengue porque su comportamiento se parece más al virus letal que diezma la población africana que a un personaje de feria que ameniza y levanta el ánimo.
El caso es que Perendengue se ha ido a Nueva York, no sé si a participar de las demostraciones de Billy o a apuntalar la afirmación de Campechano de que España va a ir mejor. El caso es que tanto gasto para eso me parece tan innecesario como lo de promocionar la marca España. De todas formas, una cosa y la otra, ya las están viendo ellos y lo saben de primera mano porque es público y notorio.
Que le hubiera acompañado a una corrida de toros por aquí cerca como el Ministro Mantequilla (ministro muy rico, por cierto) y al menos no habría resultado tan costoso. Que tal como están las arcas del estado, hay que guardar el céntimo con siete nudos, como decía mi agüela.
Pero es que Perendengue debe pensar que España es un remanso de paz, prosperidad y armonía o que los medios internacionales son tontos y no se enteran de lo que pasa aquí. Vamos, que está como toda su corte de ministrillos ineptos y adeptos a la sopa boba,  en Las Batuecas y no se entran de nada.
¡Porque, vamos! ¿Acaso creen que porque ellos se paseen por el mundo entero, derrochando lo que no tenemos, mejoran la imagen de una España con un problema territorial que amenaza la secesión en Cataluña, seis millones de parados, cientos de miles de desahuciados, gente buscando en los contenedores de la basura y, para colmo, un gobierno incapaz de tomar una sola medida destinada a crear empleo y riqueza y que estrangula aún más a la población con políticas salvajes de austeridad…? ¡Hay que ser completos imbéciles para pensar esto! Porque los medios internacionales de todo el mundo están aquí y, aunque estos parecen no enterarse de la situación real del país, ellos sí que lo ven en vivo y en directo y lo transmiten al mundo. Porque es noticia, tanto la situación que atraviesa España como la incapacidad de nuestros dirigentes.
Porque esa es la realidad: Un país que se hunde más y más en el desastre cada día que pasa, donde la actividad económica se desacelera y va camino de destruirse por completo, los militares amenazan con consejos de guerra a líderes políticos, el problema territorial a punto de estallar y fragmentar el estado, la calle a punto de convertirse en un polvorín y nuestros gobernantes y el Jefe del Estado  intentando convencer al mundo de que vivimos en el  país de las maravillas. ¡Como si el mundo no tuviera oídos y ojos! ¡Grotesco, patético, penoso, lamentable…! Todos los calificativos son pocos para definir la actitud de esta camarilla que nos gobierna.
En la exhibición de contradicciones y excentricidades grotescas a las que nos somete el actual gobierno hay una que más que sorprender nos deja atónitos: Se trata de aquello que para la derecha en bloque, no digamos para la más rancia y extrema, era una ocurrencia de visionario y tantas otras cosas que por ser de muy mal gusto me voy a abstener de repetir; la famosa “Alianza de Civilizaciones” de Zapatero, que es tal vez una de las medidas más sensatas que se han propuesto en la última década en política internacional y en lo referente a las relaciones de Occidente con el mundo musulmán. ¡La de barbaridades que hemos tenido que escuchar y leer tanto de los políticos infames como de la derecha mediática más infame todavía! Pues bien: Ahora, Perendengue (El Gallo Tonto, recuerden) y su equipo van a defender la iniciativa de Zapatero en los foros internacionales y ante ello, yo solo tengo una pregunta: ¿Cuánta falsedad, bajeza y traición acumula esta derecha española, liberal y conservadora?

Por si el cuadro flamenco no estaba completo, apareció la Campanera con las castañuelas. ¿Quién es la Campanera? Me diréis. Pues la Campanera es una señora muy tuna, por su origen, gatuna, (pare el escándalo, que en mi corazón también hay un rinconcito gato, si se entiende a qué me refiero) a la que su marido no le manda la tuna ni viene a buscarla montada en un caballo y por eso se fue a ver al Rayo y le cortaron los cables, tal vez alguien que, al ver como los lleva de cruzados, le quiso hacer un favor aliviándole la carga.
A la señora le ha puesto de los nervios la manifestación pacífica que se ha convocado para mañana en los alrededores del congreso y ha desplegado a su alrededor nada menos que 1400 policías entre los que se encuentra lo más especializado de las Fuerzas de Seguridad del Estado y como su marido sigue sin aparecer, pasa  largas noches de insomnio y ve nazis por todas partes y una manifestación en  la que sobre todo hay gente pacifista y de tendencias anarquistas, ella la ve llena de grupos nazis y ha preparado un despliegue que va a costar un ojo de la cara y que ya podía haber estado cuando el Teniente Coronel Tejero tomó el Congreso con una compañía de picoletos (guardias civiles) armados hasta los dientes con el fin de secuestrar la “democracia”. ¡Lo que hacen las noches de soledad!
Sí, Obelix, seguro diría aquello de, “están locos estos americanos” y sin duda acertaría. Pero yo no puedo decir lo mismo de mis gobernantes y del Jefe del Estado que me impuso un dictador. Porque, lo primero es que ya no sé ni de qué mundo son y lo segundo es que no están locos, sino que son ineptos incapaces y tengo que sufrirlos. Pero lo peor es que no tengo poción mágica ni me caí en la olla de pequeño.

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