martes, 16 de octubre de 2012

Del holocausto a la "holización" y viceversa


Vivimos en una sociedad en la que la inmensa mayoría de los ciudadanos vive inmersa en la oleada de la “holización” social, apretándose el cinturón y alargando su pensión o subsidio a base de garbanzos con arroz (por cierto, cada día más caros) y algo de pollo, que a veces por no tener no tiene ni caparazón.


Cierto es que a las ferias y fiestas y concretamente este año a las del Pilar de Zaragoza (los famosos Pilares) acude más gente que la de costumbre tal vez porque al haber cada día más personas que no tienen qué hacer pues, ¿Qué mejor forma de matar el tiempo que acudiendo a las fiestas del barrio o la ciudad? Pero el caso es que gastar… Lo que se dice gastar… Pues no se gasta porque no se tiene y ahí está el dato oficial del descenso de un 25% en el consumo medio por persona que se ha producido en los Pilares 2012. Aunque, eso sí, ha habido más asistentes que ningún año. Sin un duro, pero han estado.
Y es que entre las fiestas y pasarnos el día en el sofá o la mesa camilla bien arropados con la batimanta para no gastar calefacción, y ver en la tele o en el Hola (de ahí lo de “holización”) lo bien que viven y lo guapos que son los privilegiados, al españolito de a pie le basta y le sobra. ¡Cómo no! Si así se vive a cuerpo de rey. “Y que nos quedemos como estamos y no vayamos a peor”.
Es el letargo en el que se ha sumido a una mayoría social a la que, además se la ha mentalizado de que si “hacen lo que no deben”, pueden perder lo poco que no les han quitado y ellos, claro está, son muy obedientes. Tan obedientes que ni siquiera quieren ver la realidad que les dice por activa y por pasiva que la sociedad de consumo ha fracasado y que hay que buscar nuevas formas de vivir para los años que se aproximan.

Pero las ovejas suelen ser muy felices en el redil y prefieren la paz del alimento seguro a las fauces de ese lobo inventado que dice la “holización” que existe. Pero lo cierto es que un día llega el sacrificio y la nada del presente se convierte en nada del pasado. Gerónimo al menos no quiso ser oveja de redil y por eso escapó varias veces y al menos sirvió para que exista su recuerdo y que sobre su vida se escriban libros y se rueden películas. Lo triste es cuando ni siquiera valgamos para eso.
Es el fracaso absoluto de la sociedad de consumo a lo que asistimos; ese momento fatídico en el que el ganado lanar deja de ser útil y se requiere un sacrificio masivo que se intenta no sea muy doloroso. Triste es el destino de los que ni tan siquiera pueden rebelarse porque a fuerza de creer que eran ovejas perdieron sus colmillos y solo le quedaron incisivos y molares para la rumia. Porque no pueden morder y desde esa manada que se dirige directa al matadero… Tan solo puede mirar con ojos llenos de envidia y odio (que es el odio que no se atreven a sentir contra pastores y mastines) a aquellos que se rebelan y luchan al tiempo que les maldicen.

Más vale ser cabra y tirar al monte y arriesgarte a que te coma el lobo del comunismo a cambio de saltar por riscos y pedregales, sintiendo sobre tu rostro el aire de la verdadera libertad, que no ser oveja destinada al matadero, consumidora de piensos y productora de alimentos de pastores y mastines.
Que tus hijos no sean su alimento, que no usen tu lana para hacer tejidos con los que presumir en sus reuniones sociales y hacer cálidas sus mansiones. Que tu sangre no sea su bebida y que tu vida no sea su patrimonio.
Busca el lobo que hay en ti y afila tus colmillos porque ellos, si los tiene bien afilados para devorarte.

¡Rebélate, y lucha por ser un ser libre!

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