lunes, 19 de noviembre de 2012

Cataluña en ‘estado propio’: de Felipe V a Felipe VI




Como ciudadano corriente y españolito de a pie muy comprometido con unos ideales determinados, mis lealtades no son otras que las que tengo hacia mi familia, mi entorno inmediato, mi tribu y hacia España, entendida como el conjunto de ciudadanos, familias y comunidades que la habitan y que forman el sufrido pueblo español.
No tengo, por el contrario lealtad ni fidelidad alguna a ese conjunto de instituciones y personalidades que algunos entienden como “España” y que van desde el rey hasta el alcalde de mi ciudad o el comisario de la zona, pasando por el cura el obispo o la duquesa de los visillos visibles. Muy al contrario, creo que todo esto forma un entramado parasitario que mantiene en la ruina y el atraso permanente a este país, desde hace algún siglo más de lo aconsejablemente saludable.

Mi objetivo es, pues, contribuir a que ese entramado que para mí es España y que está formado por el conjunto de sus sufridos ciudadanos, encuentre el camino del progreso y el bienestar social y económico. Y, para conseguir dicho progreso, entiendo que hay que aliviar al pueblo de gran parte de esta carga y reformar por completo aquellas instituciones que todavía puedan ser útiles al ciudadano.
Mi patriotismo es pues un patriotismo de izquierdas y se diferencia del patriotismo fascista y de derechas en que se fundamenta en el amor al pueblo, a las personas que lo forman y ¿Cómo no? al soporte geográfico que nos sostiene a todos: La tierra de España en la que todos hemos nacido y en la que todos vivimos.
Muy al contrario, el fascismo y el patriotismo fascista se fundamenta en unos valores abstractos de grandeza histórica y no duda en maltratar y matar al pueblo para conservar dichos valores y las élites en las que los ve personificados.
Ser patriota y amar a España no es sinónimo de fascismo, sino que es algo normal en cualquier español. Ser patriota y de izquierdas es amar al pueblo español y a la tierra que lo sostiene, entendiéndolos como la verdadera España y luchar si hace falta para defenderlos y, cada día, para buscar la forma de que las personas que lo forman vivan en paz y progreso. También entiendo que la izquierda española no debe tener miedo a definirse como patriota porque su objetivo no es, ni debe ser, otro que el crear una patria renovada, más justa y próspera.
Hecha esta aclaración, desde una posición de izquierdas y revolucionaria, pues trabajo y deseo una transformación revolucionaria de la sociedad que libere a los pueblos de España de las rémoras históricas que lo han sangrado a lo largo de los siglos, declaro que, como elementos externos que son, no debo lealtad alguna a la Monarquía Española ni a la aristocracia, acomodada por todos los rincones de este país, y que mis pasos van dirigidos a la abolición de la monarquía y a la supresión total de derechos hereditarios y privilegios de dicha aristocracia. Aún así, me abstendré en todo momento de hacer proclamaciones que puedan ser consideradas delito, pues desde la cárcel, vería muy mermadas mis posibilidades de luchar por España y por el pueblo.
No creo que sea muy necesario decirlo, pero identifico a la monarquía española y a los Borbones como unos mandatarios extranjeros que los poderes europeos instalaron en este país y que trabajo y trabajaré de forma pacífica y democrática pero decidida, para que se vayan por donde vinieron y lo antes posible. Pero tampoco me gustan las precipitaciones. No es aconsejable querer coger la fruta del árbol antes de que esté hacha ni comerla sin estar madura. Se puede indigestar. Seguiremos pues con el proceso de maduración.
A los que nos sabemos parte de España y a la vez la vemos como algo nuestro, nos causan un alto grado de preocupación los acontecimientos que se vienen produciendo en Cataluña desde hace un par de meses. Y es que de un tiempo a esta parte, parece como si a nuestro país le hubiera mirado un tuerto, pues los sucesos negativos y las malas noticias, golpean con insistencia, a veces uno tras otro y a veces en andanadas.
El pueblo catalán ha visto también en los últimos años como una economía que parecía floreciente se ha ido marchitando en la medida en que ha empezado a descender la calidad de vida de los catalanes, todo ello debido a la pésima gestión y administración de los dirigentes que el pueblo catalán ha ido eligiendo en los últimos 37 años. Pero, siempre es más cómodo culpar a un extraño de nuestros males que asumir que se está pagando el error propio.
Desde que se restauró en España la Monarquía Borbónica, en Cataluña ha gobernado la derecha nacionalista catalana, representantes de la burguesía catalana, excepto en un periodo de ocho años en los que lo hizo una coalición de izquierdas. Al contrario que en el resto de España; que cada cual saque sus conclusiones. Pero no hace falta ser un genio para entender que la situación que atraviesan ambas partes se debe a las políticas erróneas aplicadas en periodos anteriores tanto por los unos, como por los otros.
Al pueblo catalán se le ha enseñado a pensar que todo lo malo le venía del resto del territorio español y si cuando eran las vacas gordas lo pensaba; cuando llegaron las flacas, hizo lo previsible, que es echarnos la culpa de todo y decir que se quieren separar, protagonizando un estallido social que, más que soberanista, podríamos asegurar que es fascista. Lógico, por otra parte.
Artur Mas, Presidente de la Generalidad Catalana, que en dos años de mandato realizó un verdadero destrozosocial y político en la sociedad catalana y que no veía la forma de solucionar la difícil situación que afecta a la región que preside, lo que sí vio en el brote nacionalista, fue una forma de alcanzar la mayoría absoluta no tenía y de aplicar sus políticas erráticas sin tener que pactar con nadie y se subió al tren del soberanismo.
Pero sabemos que una independencia efectiva no interesa a Cataluña (o eso creen ellos) ni al sector burgués que sus partidos representan, porque una independencia total de España, supondría al mismo tiempo una salida del euro y de la Unión Europea y enfrentarse al veto de España en caso de solicitar una reentrada.  Así que, el emperifollado Artur, se subió al tren soberanista, pero  sin pronunciar ni una sola vez la palabra, ‘independencia’, y sacando de la chistera un invento al que el ha llamado, ‘estado propio’.
Confieso que en los primeros momentos, el término me dejó desconcertado pero, poco a poco, la luz de la comprensión se va abriendo sobre tan confuso vocablo.
Los últimos acontecimientos y declaraciones de unos y otros van dejando ver que Artur Mas y los suyos, quieren una independencia efectiva, pero conservando los lazos estrictamente necesarios para  seguir perteneciendo a la UE y a la moneda única, poder seguir viniendo a España a sentirse superiores, explotar el mercado nacional y, cuando les duela la tripa, poder decir que es culpa nuestra o que les hemos pegado gases.
La única forma que puede existir de conseguir todo esto es implicando en ello a la Corona Española, de forma que el rey de España fuera, como es, Conde de Barcelona y jefe decorativo del Estado Catalán. En ese caso, como Escocia o Gales, las cosas seguirían tal como están pero mucho mejor para ellos y peor para el resto del Estado Español. Para el rey, Felipe VI, según sus preferencias expresas, iría de maravilla porque, al ser jefe de estado de dos naciones, cobraría dos sueldos. Pero, tanto Felipe VI como JuanCarlos I, tienen que ser muy conscientes de que los españoles, de izquierdas y derechas; republicanos y monárquicos, no estamos dispuestos a otorgar más privilegios a Cataluña. Ya tiene muchos más de lo conveniente. Y también tienen que serlo de que si existe una remota posibilidad de que la Infanta Leonor llegue a coronarse un día, esta pasa por no acceder a los planes de "estado propio de Artur Mas.
Los politicastros catalanes subidos a la ola “independentista” se quejan amargamente de que el rey Juan Carlos ha tomado un posicionamiento totalmente contrario a sus pretensiones, pero, yo no lo tengo tan claro y me da por relacionar la bronca que el rey le echó al Presidente del Gobierno en el palco de autoridades cuando presidía el desfile del ‘día de la hispanidad’.
Suponiendo que el rey sabe el rechazo que tales medidas tendrían en el Estado Español, hasta me podría creer que su oposición a los deseos de los catalanes es real, pero, teniendo en cuenta que para un monarca lo importante es seguir siéndolo y aún mejor si es de dos reinos, voy a pensar que Juan Carlos se está haciendo el duro, sabiendo que le quedan tres telediarios en activo y muy consciente de que Felipe complacerá a los catalanes, para poder seguir siendo jefe de dos estados que, en realidad, no sumarán ninguno, al paso que vamos.
A difícil encrucijada nos ha traído la camarilla de políticos, reales o no, que hemos puesto al frente del país.
A eso apuntan las declaraciones del futuro Felipe VI (si el fantasma de Robespierre no lo remedia) en el acto conmemorativo de la Concordia de Alcañiz en el que el heredero ha sacado a relucir nada menos que el Compromiso de Caspe por el que se instauró en Aragón la dinastía, nefasta como todas ellas, de Trastámara, que al igual que la borbónica, descendía de la rama francesa de Borgoña, coronando como rey de Aragón al infante de Castilla, Fernando de Antequera, que reinó en Aragón, de cuyo reino Cataluña era un condado, con el nombre de Fernando I el justo.
Fernando de Antequera, reinó en Aragón durante cuatro escasos años respetando la estructura del reino que se diferenciaba de casi todos los europeos de la época en que más bien era una unión de reinos y condados donde cada uno de ellos, desde Atenas hasta Valencia, tenía sus órganos de autogobierno y se administraban de una forma bastante independiente.
Está tan claro que a Don Felipe le favorecería devolver a Cataluña lo que le quitó Felipe V como que a Artur Mas y su camarilla de burgueses con vocación expansionista y colonialista, les vendría de perlas evocar aquellos tiempos y convertir al Condado de Cataluña en una especie de estadillo, separado en todo del Estado Español y unido a éste por la figura del monarca que sería su Jefe de Estado y Conde de Barcelona, título que heredaría de su padre.
Con esta receta, ambos, Cataluña y realeza española, serían muy dichosos porque el "estado propio" catalán seguiría en el euro y en la UE y Don Felipe, en vez de un reino tendría dos y los catalanes seguirían saqueando el resto de España como vienen haciendo desde siempre. Pero, ¿Estamos los demás españoles dispuestos a aceptar eso? Mi olfato me dice que no y que los españoles, ya que los catalanes se creen tan importantes y educados y nos ven como una mala compañía que solo les perjudica, pensamos que, si quieren ser independientes, pues que se vayan con todas las consecuencias y la Casa Real que tanto les apoya, que se vaya con ellos y que cada vez que quieran venir de visita, pues que soliciten el correspondiente visado como cualquier ciudadano extranjero y extracomunitario. 
Porque yo, sigo pensando que la unión de los pueblos es beneficiosa para todos, pero, dado que los catalanes son unas personas tan importantes y nosotros no les hemos traído más que desgracias, pues lo mejor es que sigan ellos solos. Eso sí, previa aprobación en referéndum  y con todas las consecuencias y pasando por caja antes, claro, que en este mundo nada sale gratis.

1 comentario:

  1. Personalmente no he entendido nunca que gente de izquierdas sea al mismo tiempo nacionalista, me parecen cosas incompatible.Creo que el nacionalismo se utiliza como escusa para tapar otros problemas, los que realmente importan.
    La verdad es que el gobierno de Rajoy y el de Mas son iguales , con las mismas políticas antisociales, los mismos recortes de los derechos , y el mismo nacionalismo fanático con la misma utilización demagógica.
    Un saludo.

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