jueves, 21 de marzo de 2013

La duda existencial




Admito que me asalta una duda existencial, sobre la naturaleza del universo o la creación entendida como conjunto de las cosas que existen y son en el plano material. Es decir: todo cuanto es en la totalidad, ¿Es obra de un ente creador al que podríamos denominar Dios o la propia naturaleza dispone de procesos aleatorios de destrucción y regeneración permanente? Personalmente me inclino por la segunda y pienso que la Totalidad de la materia dispone de algoritmos complejos que todavía no entendemos y que ella misma se autodestruye y autocrea de una forma permanente e inteligente; degeneración y regeneración constante.
Pero, si como sostienen las religiones de todo el mundo, existiera un ente creador que, de alguna forma hubiera provocado todo lo que existe en la Totalidad, hay que admitir, con el conocimiento y la ciencia de los que hoy disponemos, que se trataría de un ser de unas dimensiones y una naturaleza colosal e inexplicable o inasequible para la mente humana en el estado preciso y temporal que vivimos. Porque ya sabemos que este universo en el que se encuentra el Planeta Tierra es de dimensiones mastodónticas y a la vez finitas, pero que pueden existir otros muchos universos hasta la infinidad. Luego, ese hipotético Ser Creador sería de una naturaleza colosal e infinita y por tanto, incomprensible para una mente tan limitada como la del ser humano. 
El círculo en el que se autoencierran las religiones es de una simpleza descomunal, pero que, a la vez, convence a la mente común que no decide buscar explicación alguna y se limita a aceptar lo que el clérigo de turno le va diciendo. Pero lo cierto es que cualquier religión del mundo, exceptuando la budista que no es religión deística, se ahoga en sus propias contradicciones que la hacen totalmente inaceptable para la razón humana. 
Tomemos por ejemplo el monoteísmo y dentro de él, la religión que es más radical en el concepto del dios (ya sé que dios se escribe con mayúsculas, pero es que yo no quiero) único, que es el Islam. El Islam nos dice: "No hay más dios que dios y por él ha sido creado todo cuanto existe". Al ser la religión más moderna y hecha por tanto en un tiempo en el que el hombre tenía un más alto grado de avance científico, el Islam ya descarta aberraciones de religiones anteriores como la Trinidad cristiana ya que, si verdaderamente hay un dios creador, tiene que ser uno solo y no puede tener hijos ni enviar palomas mensajeras. En el Islam, dios se vale de un mensajero (Hermes como veremos tal vez en algún momento, o el Arcángel Gabriel) para hacer llegar sus mensajes al profeta Mohamed. 
El Islam puede ser la religión que mejor define al hipotético creador o que más se acerca a su posible definición, ya que lo ve como un ente único e inmutable. En ese aspecto, podríamos decir que los diseñadores de la nueva religión del Siglo VII están algo más acertados que los creadores de religiones anteriores como el cristianismo, judaísmo o hinduismo. El problema viene en las incoherencias temporales posteriores, cuando se otorga a ese dios una serie de cualidades humanas como el odio, la venganza, el amor y en su implicación en la redacción de un conjunto de normas de conducta y leyes de ordenación social y cotidiana y en el hecho de que los libros sagrados del Islam se terminaran de escribir 70 años después de la muerte de su profeta y de que el Arcángel Gabriel dejara de traer mensajes del supuesto dios. 
¿Un dios infinito e inmutable, creador de la Totalidad tiene que servirse de mensajeros para llegar a su profeta y que éste dicte en su nombre las leyes por las que se ha de regir toda la humanidad...? No se sostiene ni aún desde el punto de vista teosófico. Porque, si dios ha creado todo cuanto existe y, por tanto a los seres humanos, y está en todo, no le haría falta mensajero ni profeta alguno porque si quisiera podría actuar directamente a través de la mente del ser humano en la que se supone que también está. 
Luego, sí: el islam es la más avanzada y acertada de todas las religiones pero se autodesmonta ella sola y fácilmente, como el resto, porque en su diseño no ha participado arcángel ni dios alguno, sino que obedece a intereses étnicos y comerciales, exactamente igual que las anteriores, solo que en este caso, eran los intereses de las tribus que poblaban cierta zona de la Península Arábiga. Además, si investigamos, también descubriremos que incorpora elementos de otras religiones (hinduismo, judaísmo cristianismo e incluso mazdeísmo) anteriores y tomados al azar. 
No es el objetivo actual hacer una revisión de las religiones, llevaría muchas horas de estudio y de trabajo, sino tan solo expresar mi opinión sobre la desconexión total existente entre la totalidad de las religiones que actúan en el planeta y ese Creador, cuya existencia, de entrada, pongo en duda. 
La otra religión masiva y cronológicamente anterior al Islam en el tiempo es el catolicismo o el cristianismo, que compite con el Islam por el primer puesto mundial en número de fieles y que, curiosamente, ha renunciado por completo a la totalidad de los preceptos de su fundador, para incorporar una serie de elementos de otras religiones, sobre todo paganas y celtas, que existían en los lugares conquistados por los ejércitos de los reyes y emperadores a los que apoyaban y que a la vez utilizaban de soporte para su expansión mediante el sometimiento y la fuerza brutal. 
La religión cristiana tiene su origen en un filósofo pacifista judío que vivió en Palestina hace unos dos mil años, que desde pequeño brilló por su inteligencia y cuya leyenda se vio notoriamente incrementada por la aparición de tres magos o brujos de la época que decían venir de oriente buscando al “redentor de la humanidad” (como si redimir a la humanidad fuese tarea de un solo hombre) y que se pusieron a buscar por todas partes diciendo que buscaban a rey de los judíos y, claro, esto llegó al que de momento era rey y cuando le dijeron que iba a nacer uno que le quitaría el puesto, conociendo la mentalidad de la época, este montó en cólera y mandó matar a todos los recién nacidos del pueblo donde los brujos le dijeron que nacería el nuevo rey. Algo muy normal tratándose de poderosos y más en aquellos tiempos. 
El futuro “mesías” escapó a la matanza y, tras varios viajes y peripecias, se hizo todo un hombre y se creyó la historia que le contaron sus mayores y se dedicó a predicar junto a unos pescadores esenios (los hippies de la época) por todo el mundo judío y parte del extranjero y a llevar la noticia de que era el portador de un nuevo reino. 
Cuando el hijo del rey que mató a tropecientos niños para matarle a él se enteró de que había un tipo por esos mundos predicando un reino que no era el suyo, pues se puso hecho una fiera y tras el fracaso de varias maniobras para darle matarile, decidió que lo mejor era pedir ayuda a los romanos, que estaban más duchos y experimentados en el arte de matar y se emperró tanto en el asunto, que al final consiguió que los romanos mataran en la cruz al osado que decía que traería un reino mejor que el suyo. 
Una vez muerto el “mesías”, pues se acabaron las predicas y con ellas los seguidores y los dones y regalos que solían traer al “redentor” y, claro, para unos pescadores hippies que vivían de un pescado que cada tres meses sacaban de un mar que no los tiene como el Mar Muerto y que durante el tiempo que habían pasado junto a su maestro se les había ensanchado la barriga con el pan y los alimentos que les traían sus seguidores, la muerte del “salvador” suponía algo más que una simple pérdida humana. 
Así que se dijeron que aquello había que solucionarlo como fuera y fueron al sitio en el que estaba enterrado, sacaron el cadáver, lo escondieron dios sabe donde, y se inventaron la historia de la resurrección y de vuelta de la paloma que embarazó a María, para seguir llevando la noticia del “nuevo reino”, eso sí, dejando muy claro que ese reino no estaba en este mundo y que su mensaje era puramente espiritual y sus intenciones comerciales, para no preocupar a Herodes y que les diera la misma medicina que a su maestro. 
La nueva doctrina se intentaba expandir por las inmediaciones de palestina y los reinos de alrededor con muchos más fracasos que éxitos hasta que un día, un militar fanático judío que perseguía a muerte a los cristianos, tuvo la mala suerte de caerse del caballo y, en el aturdimiento por el golpetazo, se le aparecieron mentalmente las estrellas de todas las constelaciones, todos sus remordimientos de conciencia y creyó ver a aquel a cuyos seguidores perseguía. Si alguno de vosotros ha montado a caballo sabe que una caída es un asunto muy serio que te puede matar fácilmente y que si en ella te rompes un hueso o te quedas aturdido un par de horas, tienes bastante suerte. 
Así, el bueno de Saulo, que así se llamaba el azote de la cristiandad, tuvo la suerte de no matarse, pero quedó tan aturdido y magullado que por un tiempo indefinido estuvo viendo la luz, las estrellas y el resplandor del santísimo sacramento de la golosina, identificando todo ello con la persecución a la que sometía a los cristianos y, ¿Cómo no? Con su profeta redentor. 
Así es que el dolorido y magullado Saulo, decidió cambiarse el nombre por el de Pablo y, para compensar, se convirtió a la fe de sus perseguidos y se puso a extender la nueva religión por todo el planeta, con el mismo ardor y fanatismo con que antes la había perseguido y tanto entusiasmo puso en la tarea que llegó predicando a todo el Mediterráneo Oriental, A Roma y algunos aseguran que vino a la Península Ibérica, aunque esto no está probado.
Y, porque se murió, que si no, igual hasta descubre América mucho antes que Colón y hasta les lleva una rueda de regalo para las procesiones de semana santa. 
La cuestión es que es Pablo el que definitivamente configura la religión cristiana, la extiende por el mundo conocido y, al tratarse de un judío que ni llegó a conocer a Jesús, impregnó la creencia con sus conocimientos de la tradición hebrea a los que mezcló los hechos más relevantes de la vida del “salvador”, que había escuchado de las gentes y de los apóstoles, incluido todo lo concerniente a la muerte y la resurrección. 
Pero, fuera como fuera en sus orígenes y la hiciera quien la hiciera, esta religión, como tantas otras, no es más que una creación de unos hombres en un contexto temporal concreto y la creación obedece a factores de las necesidades de esos hombres en dicho contexto y a su estado mental. No hay intervención divina ni sobrenatural alguna, ni en su surgimiento, ni en su posterior desarrollo. 
En parecidas circunstancias se produce el desarrollo de la otra gran religión semita. Pero, como eso sería mucho migajón para tan poco pan, lo vamos a dejar para otro rato, mientras esperamos que la cerveza se enfríe lo suficiente como para ser agradable al paladar. 
Porque es bueno disfrutar de lo bueno que nos da la vida sin excesos y una de esas cosas es la cerveza cuando adquiere el perfecto estado de frescor. Disfrutar de lo bueno y placentero que la vida pone a nuestro alcance con sabiduría y moderación no es pecado como nos dicen estos señores que pretenden convencernos de que una paloma, la misma que embarazó a María, madre de Jesús, y que acompañó a los apóstoles tras su “ascensión”, les inspira para elegir al nuevo papa. Vivir la juventud y disfrutarla mientras se tiene no es pecado, Pero creo que es algo que esta paloma inspiradora ya no podrá hacer porque, al igual que los cardenales inspirados, después de tantos años debe ser viejísima. 
Los cardenales inspirados por la dichosa paloma sí que saben muy bien que disfrutar de la vida es placentero y que ésta pasa y no vuelve. Por eso se entregan con pasión al goce y al disfrute de los dones y riquezas que su ostentosa vida les brinda. Nada que objetar, ya digo que la vida está para vivirla y que disfrutar de ella no es ilícito. Lo malo es cuando queremos reservar el placer para nosotros y, como si sintiéramos una envidia enfermiza, predicamos a la sociedad la contención y el recogimiento mientras nos entregamos al frenesí y el libertinaje como si se fuera a terminar y lo quisiéramos todo para nosotros. 
También está muy mal que se utilicen para los placeres carnales a seres inocentes a los que se puede crear un trauma y que todavía no están desarrollados físicamente para obtener placer en la práctica sexual.Además, con semejantes vejestorios carcamales, digo yo que hay que tener mucha hambre para gozar. 
Porque, sí, yo estoy harto de ver en los restaurantes a curas intentar acabar con las despensas y bodegas a golpe de panza y mandíbula. Bueno. Si explotan algún día... será su problema. Mientras paguen con su dinero y a mí no me salpique... Allá cuidao. Pero lo de los niños está muy mal. Sí, señor. Pero que muy mal. Y pagar la comida con el dinero del cepillo, también. 
La paloma inspiradora nos ha traído un papa, de origen italiano pero argentino. Al enterarme, lo primero que pensé es que si se llevaban a la Argentina (a ser posible a la Patagonia) eso que llaman santa sede, pues que estaría bien por quedar más lejos. Pero luego me di cuenta de que por ese mismo motivo, cuando a algún gobernante iluminado y trajeado le dé por traerlos de visita, nos saldría mucho más caro. Así que, mejor que se quede donde está pero sin hacer mucho ruido. Total, mientras que existan abducidos que les crean y que se enfervoricen y les adoren como a dioses, habrá una razón para que existan. ¿Que a mí no me gustan? Ya. Pero hay tantas cosas en el mundo que no me gustan... Si se tuvieran que acabar por no gustarme... ¡Pobre duquesa de Alba! 
Este argentino llamado Jorge, al ser elegido papa se ha cambiado el nombre por el de Francisco... No entiendo por qué a mí Facebook no me deja usar un seudónimo y al papa le está permitido. Pero, bueno. Los medios de comunicación (curiosamente y a pesar de ser jesuita, son los medios masónicos los que más colaboran en el empeño) nos lo presentan como el adalid de la humildad, la austeridad y la pobreza; como el gran defensor de los pobres y, claro, si lo dice él y los medios, mucha gente se lo cree. Pero es cierto: el papa y su iglesia quieren mucho a los pobres. Muchísimo, tanto que por eso colaboran todo lo que pueden para que cada vez haya más pobres en la Tierra. Para que alguien salga de la pobreza no moverán un dedo, pero para que aumente el número de pobres y así tener un pretexto para pedir y aceptar cuantiosos donativos, están más dispuestos que prestos. 
El nuevo papa viene con una serie de gestos de humildad y austeridad aplaudidos por los medios ultraconservadores y francmasónicos. Pero no nacimos ayer y sabemos que cuando un alto personaje muestra al público un tipo de gestos, lo hace para esconder unos actos de naturaleza bien distinta. Luego, ¿Qué nos trata de ocultar Jorge Bergoño con sus gestos de bondadosa humildad? Será cosa de más p'alante. Lo iremos discerniendo. Pero, por el momento, ya vale de aburrir y terminaré con un dicho que se usa por estos lares en los que vivo: “De lo que veo, ni la mitad me creo”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada