jueves, 25 de abril de 2013

Barça y Real Madrid, del universo proletario al estrellato capitalista


Aunque por reacción al oponente común tenga que apoyarles, debo confesar que siento cierto descontento al ver a líderes obreros decir que iniciaran el camino al socialismo con “Cristo Redentor”. Porque la verdad es que de aquello de lo que deba redimirme, si lo encuentro, yo solo buscare la forma y aunque encuentre de mi zapato la horma, soy tan anarquista a veces como para no querer ni dioses ni amos y saber que debo ser tan pragmático y comunista como para entender que el que fue amo, intentará volver a serlo tras una y mil veces que liberes sus esclavos y que los dioses siempre tratan de regresar al Olimpo por muchas veces que les bajes.

Por eso he entendido, que solo el hombre puede redimirse con la lucha organizada y la acción política y práctica aplicada, es decir: praxis, que los mesías y redentores son un elemento necesario para mantener el orden basado en nobles y plebeyos, siervos y esclavos y que el redimir del espíritu solo sirven para aliviar la carga de la cadena y no para romperla.

La verdad es que no soy amante del fútbol. Es más: considero una ofensa para la dignidad del Ser Humano, que estos caprichosos nenes cobren las monstruosidades que cobran por dar patadas a un globo, mientras hay gente muriendo de hambre y pasando necesidades. Pero el fútbol forma parte de la sociedad en la que vivo y como un elemento de importancia lo analizo y a veces lo sigo. Más a final de temporada que al principio.
En el fútbol se dan situaciones similares a la sociedad y la vida y en estas ocurre lo propio, como es lógico al tratarse de algo tan introducido en la sociedad y en los planos sentimentales, mentales y emocionales de tan alto porcentaje de individuos.
Si Pep Guardiola hubiera sido entrenador del Barça tras el 4-0 del Bayern, resultado que de haber estado él seguramente no se habría producido, habría salido al campo a buscar uno a uno a sus jugadores y habría bajado con ellos al vestuario para consolarlos y recuperarlos anímicamente para la remontada y los seguidores del Barça podrían tener tanta fe en ésta y en su equipo como el equipo en ellos mismos y en su entrenador.
Este entrenador, estuvo siempre con Pep y con todo el respeto que me merecen sus circunstancias personales, no es lo mismo estar con, que ser. Él lleva toda la temporada ausente y durante el partido del Bayern estuvo aún más ausente, haciendo ver que el equipo, que hasta quedar en sus manos era el mejor del mundo y de la Historia del Fútbol, era un mal equipo, sin recursos y sin casta. Como España ante la crisis.
Sí, Vilanova, padece una grave enfermedad, al igual que Rajoy, y en su caso no es mental, sino de otra índole, pero lo que hace que el Barça parezca un mal equipo es que su responsable técnico, al igual que Rajoy, se postra y obedece los deseos y mandatos de los poderosos, que en el casode Rajoy son los poderes financieros y en el de Vilanova son la recua de pijos que se hicieron con el Barça cuando echaron a Joan Laporta. Así que, el Barça en unos meses ha pasado a ser un calco del Madrid y por ende de la sociedad española: un equipo que depende de un “Messías o redentor” y que está económica y políticamente en manos de los poderes financieros. Si el Messías está resfriado o no está en forma, el equipo pierde y siempre será culpa de todo menos de quien la tiene en realidad. Como la propia España o Cataluña, que tanto monta monta tanto.

En España somos muy amantes de los grandes eventos, ferias y fiestas; de la pompa y el lujo, pensando tal vez que el disfrute nos corresponde por linaje de estirpe, nos va mucho eso de los ritos religiosos y crear ídolos y estrellas como Messi o Cristiano. Tal vez por eso estamos mas tiempo estrellados que en el estrellato. Porque en el estrellato, que yo sepa, en toda nuestra Historia, solo hemos estado con las dos eurocopas y el mundial, pero estrellados, estamos desde los Reyes Católicos.
Cuando Pep se hizo cargo del primer equipo, estaba de entrenador del segundo y sabía de primera mano de donde salían los males y cómo erradicarlos. Por eso, sabedor del daño que las “estrellas” hacen en los equipos deportivos y de trabajo, puso como condición que se puliera a Ronldinho y al siguiente año se pulió el mismo a Samuel Eto'o, para desgracia de los putiferios barceloneses y vendedores de coches caros de la Ciudad Condal, acallando las críticas negativas con títulos y unos números espectaculares.
Al año siguiente, se trajo a la “maravilla Ibrahimovic” y en el primer entrenamiento el sueco-servio se le puso gallito y Pep lo tuvo una temporada en el banquillo y luego se lo pulió también. Y todo esto, sin despeinarse y como solo Pep puede hacer en Camp Barça. De nuevo títulos, un juego y unos número espectaculares y las rémoras aristocráticas del club, calladitas como piojos. Así, hasta que no pudo más con la presión de los estrellables y estrellados, directivos incluidos, y decidió tirar por la calle de en medio y marcharse.
Muy bien, Pep se fue y ahora todos están contentos: Sandro Rosell ya puede entrar en todos los rincones del club sin pedir permiso, Piqué puede salir en los medios con su cantante de caderas de molinillo, Messi viste de Dolce & Gabbana, cobra una pasta por ello y ha sido coronado Messías oficial del club. Todos son libres y famosas estrellas mediáticas que brillan en el universo de las alfombras rojas y en los firmamentos estelares. No sabemos si son modelos, gigolós o deportistas, pero lo que es salir en la prensa rosa, salen más que Beckham.
Lo que eso da de sí, ya lo vimos en Múnich: un portero aterrado e inseguro que cuenta los días para irse del Barça porque Gerard Piqué está pensando en el meneo de caderas de su espesa y en el nombre raro que le va a poner a su próximo hijo y no se entera de que juega de defensa en el Barça, unos laterales que se buscan la expulsión o no se enteran, un centro del campo harto de subir balones para un Messías en baja forma y un entrenador que, a modo de los gobiernos de las democracias burguesas, ni sabe ni puede poner orden o parar semejante caos. Total, como el Madrid de las grandes ocasiones, el Barça de Núñez o el Gobierno de Rajoy: Mucha fama, muchos millones tirados por la borda y resultados cero.
Total: que al igual que la sociedad española con la pompa de las ciudades faraónicas, los aeropuertos sin aviones y grandes eventos promocionados por cortesanas y miembros de la realeza, lo que eran prometedores y prósperos proyectos se han convertido en fracasos estrepitosos de materia oscura, en medio de la que, de vez en cuando brilla, el fulgor de una estrella sin luz como De Guindos o Cristiano Ronaldo, que como persona, y puede que también como futbolista, vale mucho más que Messi, dicho sea de paso.
Pero, ¿Qué hizo o qué tenía Pep para que los mismos jugadores rindieran y fueran capaces de superar siempre las dificultades en los momentos claves? Parece fácil de decir, pero hacerlo no lo es tanto: Lo primero, estar ahí, en los momentos de presión y saber echarla a sus espaldas para que ésta no llegara a los jugadores y saber cargar con ella para que no le impidiera entrar al vestuario y mantener el estado mental y de moral del grupo idóneo para salir a ganar. Implementar la mentalidad de grupo y de trabajo conjunto y de colaboración en equipo y que nadie, dentro del grupo, se creyera más importante ni menos que nadie; saber bajar al que se crece más de lo aconsejable y reflotar al que se hunde. Y sobre todo, inyectar la humildad y el espíritu de trabajo y esfuerzo conjunto en el equipo. ¿Se echó esto en falta en Munich o no? La confianza en el compañero y el estar siempre ahí para cuando te necesite. En Munich vimos un puñado de jugadores sueltos descoordinados, despistados y sin entrenador. Con Guardiola el Barça era un equipo que funcionaba como una máquina en la que cada jugador era como un resorte que cumplía su función a la perfección y la del compañero que por cualquier motivo fallaba. Por eso fue el mejor equipo de la Historia y la base de la mejor Selección Española de todos los tiempos, porque el espíritu de Pep, llegó también ahí para que Luis Aragonés y Vicente del Bosque se cubrieran de gloria.
El espíritu de Pep es el espíritu proletario de orden y disciplina no impuestos, sino libremente aceptados como forma natural de funcionar en equipo; es el espíritu del esfuerzo conjunto para alcanzar un objetivo común y el Barça de Pep era un equipo de trabajadores proletarios que, ante todo, trabajaban, disfrutaban con su trabajo y se dejaban la piel en el campo. Cuando ese espíritu se ha perdido, quedó un eco que vimos en la primera mitad de la temporada porque los jugadores hacían lo que sabían pensando que todo venía por arte de magia, pero faltaba el capitán de barco adecuado capaz de corregir el rumbo cuando la fuerza de las aguas turbulentas le desplazaran de su ruta. Llegó el temporal y el barco perdió su rumbo, al no haber capitán  se fue a la deriva y en la deriva sigue sin que aparezca el Messías caminando sobre las aguas.
Los genios, o buenos profesionales, son molestos porque nos dicen cosas que no nos gustan y nos sacan de la realidad que nos fabricamos a base de parafernalias y luces de colores, nos hacen trabajar y nos rectifican cuando queremos perseverar en el error, nos hacen sentir pequeños e insignificante cuando a nosotros lo que nos gusta es que nos hagan sentir especiales, aunque sea engañándonos. Por eso se fue Pep, porque estaba harto de aguantar carros y carretas y todo el peso del club más grande del mundo sobre sus espaldas para que otros, las estrellas, hoy estrelladas, se colgaran las medallas. A Pep eso no le importó nunca, al hombre grande de corazón le satisfacen los logros de sus próximos y se deja la vida para posibilitarlos. Pero es una labor que cansa, agota hasta quedar exhausto y tras cuatro años de lucha, Pep entendió que había llegado la hora de decir basta.
Muchos en Camp Barça, se sintieron aliviados por la marcha de Pep, ya no tendrían quien les dijera a qué hora irse a la cama ni cuando podían salir de juerga o cómo debían posar con sus novias divas para la prensa. Tal vez esos rebeldes descendientes de la burguesía catalana con aspiraciones a la presidencia del Baça no estén entre los que le echen de menos (le extrañen, que diría la “mamasita”) pero estoy tan seguro de que el socio y el aficionado ya lo están “extrañando” como lo estoy de que Pep debe volver antes de que sea demasiado tarde a recomponer lo que ha destrozado este presidente. Pero, eso sí, apoyado en una candidatura presidencial dispuesta a sacar del club toda la morralla nuñizta y laportista, para que el club más grande del mundo en masa social, lo sea también en logros deportivos.
En España necesitábamos que un Pep tomara las riendas del país, lo limpiara de estrellas y vacas sagradas, como él hizo en el Barça y nos enseñara a trabajar en equipo, a salir del estrellato capitalista y ser simples proletarios, para edificar un futuro de progreso. Lo que pasa es que los Peps no abundan y aquí teníamos uno y se ha ido a Alemania. Tal vez sea nuestro destino histórico ver como nuestra mejor gente se marcha a Alemania porque aquí se le cierran las puertas.

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