viernes, 9 de agosto de 2013

La homofobia y el dios de la imperfección



Mi opinión respecto a la homosexualidad es muy parecida a la que tengo sobre la fe y el sentimiento religioso. No profeso ninguna religión ni creo en dios alguno, pero acepto y respeto la fe sincera de las personas, siempre que no intenten convertirme o imponer su opinión sobre la mía o la de cualquier otra persona.

Respecto a la homosexualidad, pienso que todo el mundo tiene derecho a sentir y vivir su sexo con libertad, sin que por ello merezcan ningún tipo de castigo o discriminación negativa ni positiva. La homosexualidad es una forma más de la sexualidad humana y cada cual es libre de elegir como la vive.
Como no estoy de acuerdo con los predicadores religiosos que van por la calle molestando a los transeúntes o que llaman a la puerta en el momento más inoportuno para leerte libros religiosos que tú no quieres escuchar, tampoco estoy de acuerdo con el sensacionalismo estrambótico que muchos homosexuales hacen de su condición sexual. La sexualidad es algo que, como el sentimiento religioso, pertenece al ámbito privado y entiendo que ninguna de las dos deben servir de método para ordenar la vida social, pues esta debe ser ordenada por el conjunto de tendencias y ciudadanos que la forman y no por la creencia ni los hábitos de una parte de ella.
Rechazo enérgicamente cualquier tipo de maltrato o tortura a personas, animales o seres vivos y, por ese motivo, apoyo y me sumo a las protestas que hay en la actualidad contra Rusia por su tolerancia con la homofobia. Aunque entiendo que muchas de ellas van más lejos de lo razonable. El sensacionalismo no es aconsejable en ningún caso.
Ninguna persona merece ser torturada ni vejada por otra u otros y mucho menos por su condición sexual, ideas o credo religioso y quienes infligen tales tratos a sus semejantes no merecen ser considerados miembros de la raza humana, sino de una especie bárbara de algún animal extraño, primitivo y violento, aún por catalogar.
Aquellos estados que promueven la violencia contra personas de esta tendencia, que las persiguen con la ley hasta la misma pena de muerte o que miran hacia otro lado cuando estas se producen, deberían preguntarse sobre su verdadera naturaleza moral y humana.
Aquellos otros que en el nombre de un dios improbado, persiguen con verdadera crueldad a los homosexuales, son tan simples en el vacío de su cerebro vano y esteril, que no son capaces ni de darse cuenta que con su actitud tan solo están reafirmando la imperfección de ese dios en el que creen. Porque, si ellos maltratan y matan a estas personas porque, según ellos, son imperfectas; si ese dios que, también según ellos ha creado todo, les ha creado también a ellos, al hacerles, les ha hecho imperfectos y alguien o algo cuya obra es imperfecta, ya no es perfecto, porque si lo fuera, también a ellos, como parte de su creación, los habría hecho perfectos a su semejanza.
Luego, esos fanáticos religiosos que se creen más cerca de dios que nadie y que para mi son unos verdaderos dementes, que no dudan en ahorcar personas por su condición sexual son la prueba fehaciente de la imperfección del dios al que adoran y un dios que no fuera perfecto perdería toda razón de ser, por lo que también son la prueba de que tal dios no existe como ellos lo conciben porque de existir tampoco habría creado la máxima expresión de la degeneración humana que son ellos mismos y su fanatismo demencial.
En cuanto a los nazis que torturaron a un joven hasta la muerte por simplemente ser homosexual, solo diré que además de ser la prueba de la inexistencia de ese dios que predican las religiones de la tierra, son un virus maligno que la humanidad deberá exterminar del planeta si quiere tener una vida futura. De lo contrario, el ser humano sobrevivirá como una especie enferma de metástasis que solo es digna de esperar la llegada de su hora final.



     

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