lunes, 18 de noviembre de 2013

Privatización o externalización, punta de lanza de la aberración




En la actualidad tenemos dos modelos, correspondientes al bipartidismo, que vienen a ser lo mismo con algunos matices.
Ambos modelos consisten básicamente en que yo me apunto al partid por algún motivo ideológico aparente y cuando mi partido accede al poder, me cuelo en algún cargo, vivo a costa del contribuyente y si puedo, me forro.
Luego están los inmorales vividores sinvergüenzas como Correa, o los que han liado la trama de los ere, que se apuntan al partido que ven con más probabilidad de poder. Estos están en todas las organizaciones, llegando a ser alarmante cuando llegan a ser mayoría, como en el PP y en el PSOE.

En lo que se refiere a las externalizaciones o privatizaciones de los servicios públicos, en el caso del PSOE, actúa con algo más de cuidado, por aquello de que es un partido de "izquierdas" y tiene que guardar cierta apariencia, ante el sector de su militancia que todavía se cree socialista y ante su electorado. Pero, la privatización consiste en situar en manos de algún socio o compadre los servicios públicos más rentables y en los que hay mayor tajada y, cuando han tenido y tiene el poder, los mal llamados socialistas, lo hacen y lo han hecho igual que los conservadores o ultraliberales, pero con algo más de pudor. 
En el PP esto del expolio privatizador, se hace sin complejos y cuando llegan al poder, entran a saco, privatizando o poniendo la gestión de los servicios en empresas de sus familiares o  en manos de aquellas a las que están directa o indirectamente vinculados.
Se nos dice que esto se hace para que los servicios públicos sean más eficaces y nos salan más baratos, pero esto no es así; se hace para que sus familias o socios obtengan un suculento bocado del que luego les caerá a ellos una parte importante por alguna vía recóndita. Porque las privatizaciones, repercuten de una forma muy directa en la ciudadanía y para nada traen consigo una mejora del servicio, sino que por el contrario, los servicios externalizados empeoran y, lejos de salir más baratos, nos seguirán costando igual o más en la medida en que las necesidades económicas de empresas y administradores lo demanden.
Traen consigo una serie de despidos innecesarios, como hemos visto en el caso de las limpiezas de Madrid, donde se pretendía despedir a más de mil personas, no para mejorar la calidad del servicio, sino para aumentar los beneficios de la empresa concesionaria, "amiga" de Ana Botella. Y, estos despidos, pasan al desempleo, y, por consiguiente, a ser mantenidos con el dinero público de la prestación que sale del dinero de los impuestos que pagan ciudadanos. ¿Dónde está el ahorro? Antes el ciudadano les pagaba como empleados de una empresa de limpieza y ahora les paga como parados... ¿Siguen o no siguen cobrando de los impuestos del ciudadano? La diferencia es que siendo empleados de limpieza, la Seguridad Social y el sueldo, que se le pagaba por hacer algo, repercutía en los números de una empresa, y ahora, lo que reciben por no hacer nada, corre íntegramente por cuenta del contribuyente.
Bueno, no sé si soy yo solo el que lo ve, pero esto de las privatizaciones es solo una forma de remover el dinero público de manera que vaya a parar una parte importante a las manos de aquellos que conviene a los que están en el poder les y que repercuta en el incremento de ciertos patrimonios corporativos a los que estamos vinculados. Puro y simple pillaje de pícaros elegantes, con corbata y de "buenas familias".
La alternativa a esto es, simple y la vez difícil. Porque para llevarla a cabo tenemos que ser, en primer lugar, buenos ciudadanos, conscientes y exigentes de una forma activa y coherente.
Luego, se trata de poner al frente de las diferentes instituciones del estado a personas honestas y profesionales, que gestionen bien los servicios públicos y que administren de forma que los impuestos de los ciudadanos generen beneficio para el bien común, en forma de unos servicios públicos de calidad, que den respuesta a las necesidades del ciudadano, y no para el enriquecimiento de unas familias o empresas determinadas, que es lo que pasa ahora.
A lo empleados públicos hay que supervisarlos y exigirles, y ahí es donde aparece el ciudadano exigente que he mencionado antes. Porque si no, pasa lo que ahora; que es, que estamos pagando sueldos (tal vez pequeños) a millones de personas por estar en el bar de cháchara o resolviendo sus asuntos personales.
El ciudadano consciente y responsable, que paga puntualmente sus impuestos, tiene derecho a querer lo mejor para él y para sus familias y para dar lo mejor, son necesarios los mejores profesionales y estos, deben estar bien pagados de forma coherente con la labor que realizan. Nadie debe escandalizarse porque a alguien a quien se le exige mucho y por tanto, da mucho, cobre también mucho. Mas que nada, para que no se den casos como el del aguafiestas que tenemos ahora de Presidente del Gobierno, que nos está echando en cara cada día que él ganaría más en su oficio de registrador. ¡Cómo si encima hubiera que darle las gracias por el titirimundi de verbena que nos tiene montado!
Cualquier persona que cobra de los impuestos del ciudadano, por administrar los bienes del ciudadano tiene que saber que sus cuentas, en lo referente a ingresos, gastos y patrimonio tienen que ser transparentes y revisables. Lo que no quiere decir que las publique en la prensa, pues hay que tener en cuenta que la persona tiene derecho a una privacidad y a una seguridad que no se puede poner en riesgo.
En definitiva, se trata de hacer las cosas de otra forma y más para el bien de todos y no para el bienestar de una minoría privilegiada y oportunista, como pasa ahora. de ser más honestos y profesionales y dar y exigir lo mejor de todos para todos.
Porque, muy al contrario de lo que nos vienen diciendo los gobernantes que tenemos, es posible dar a la ciudadanía unos servicios públicos de calidad y son perfectamente factibles, viables y rentables y que si ahora no lo son es: Porque son mal gestionados, muchas veces a propósito para tener un pretexto para externalizarlos a quien nos convenga; porque están repletos de incompetentes acomodados y porque el dinero que se debiera utilizar para su eficacia, va a parar a manos de entes privados en forma de beneficios no siempre justificados o porque se roba impunemente.


Luego lo que necesitamos no son gestores que hagan mal las cosas para, con este pretexto, vender aquello que el pueblo ha puesto en sus manos a algún amigo o familiar, estos deben ir a la cárcel, sino personas cualificadas que administren y gestionen con eficacia y honestidad para dar al pueblo los servicios que merece, que paga y que son realizables y posibles.
No se trata pues de privatizar a toda costa como pregonan algunas luminarias del ultraliberalismo como Aznar o Esperanza Aguirre, ellos saben por qué lo hacen, sino de exigir a los que ponemos con nuestro voto al frente de las instituciones públicas que hagan las cosas bien.

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