domingo, 9 de marzo de 2014

Capitalismo oligárquico global en guerra en Ucrania


Desde que estalló la crisis allá por el año 2008, circulan por el mundo "revolucionario" una serie de teorías que, con uno u otro matiz, nos vienen a decir que esta crisis es la confirmación de que el capitalismo o sistema que actualmente domina en el mundo, está agotado y que se acerca su fin como ya predijera hace dos o más siglos este o aquel profeta. Se enfadan mucho si alguien les lleva la contraria y amenazan con la expulsión, o expulsan de hecho de sus minoritarios partidos, a quienes se atreven a contestarles y hablar de crisis financiera o de deuda.




No será imponiendo medidas de autoengaño al estilo coreano como derrotaremos a un enemigo que, lejos de estar "agotado" y a punto de morir, como dicen algunos, está más fuerte que nunca y tiene las más eficaces armas, métodos y recursos, para controlar y explotar a los pueblos, que jamás cualquiera de sus más forofos adeptos pudo soñar.
Muy al contrario, tendremos alguna oportunidad de victoria si nos acercamos a la realidad del día que vivimos y somos capaces de hacer un análisis acertado de los acontecimientos que suceden a diario.
El capitalismo no está agotado ni vencido, sino que está más fuerte que nunca y en cada hogar, en cada habitación o en el bolsillo de cada ciudadano tiene uno o varios instrumentos a través de los que puede controlar su ubicación y a la vez usarlos para inyectar en estos ciudadanos la opinión que convenga a sus intereses en cada momento. Para colmo, estos instrumentos han sido pagados por los ciudadanos controlados a precio de oro y son vistos por estos como valiosos objetos de lujo, que otorgan prestigio y alto nivel social.

El capitalismo ha conseguido subordinar por completo el poder político y judicial a los poderes económicos (su poder) y hacer que en cada zona del planeta o país se apliquen siempre las políticas que convienen a sus intereses mercantiles, sin que exista posibilidad de aplicar otra política que no sea la dictada por estos intereses.
Cuando algún gobierno del planeta intenta hacer una política contraria a sus objetivos, o ta solo hace un amago de extraño, como el gobierno del infumable ZP, es sometido a una campaña de acoso y derribo constante hasta que cae y es sustituido por otro afín a sus intereses, o sometido a su dictadura para ser más exactos.
El sistema hegemónico ha conseguido que haya en el mundo una mayoría de habitantes que vive en la pobreza más absoluta y que a la "mayoría silenciosa" acomodada no le importe en absoluto la miseria ajena, mientras pueda celebrar la navidad y venga Papá Noel todos los años. En los llamados países desarrollados, los del estado del bienestar, la media de habitantes que vive en la pobreza anda entorno al 25% de la población total, con ciertas diferencias, dependiendo del nivel de riqueza de los países. Nada de esto importa un pimiento a los ciudadanos que gozan de cierto bienestar, porque tiene fiestas patronales, hay partido casi todos los días, en verano se puede ir a mojarse el culo en las saladas aguas del mar y en invierno a deslizarse por un callejón de nieve aplastada apoyado en unos palitos y con  un par de tablas alargadas en los pies.
El capitalismo, o sistema hegemónico, ha conseguido introducir en cada hogar un aparato transmisor y reunir a las familias de todo el mundo entorno a él, con diferentes atractivos, y crear en sus mentes el estado de animo  y opinión propicios a sus intenciones comerciales y políticas.  Ha conseguido unificar la opinión de los ciudadanos de todo el mundo y que esa masa borreguil que representa entorno al 60% de las sociedades "avanzadas" se vaya extendiendo por todo el planeta y que una Coca Cola sea igual de indispensable en la pampa y en Manchuria.
Que el capitalismo domina por completo el planeta es un hecho. Negarlo sería absurdo, ya que en la actualidad envuelve a los cinco continentes en su sistema mercantil y financiero. Los bloques ruso, chino europeo, sudamericano y norteamericano son completamente capitalistas, con alguna diferencia entre ellos en la aplicación del sistema. Matices.
El nuevo sistema global se organiza a nivel territorial formando una red de oligarquías que recuerda a las redes de señores feudales de la Edad Media, solo que mucho más complicada y sofisticada, pues se van formando oligarquías en escala que van, desde los pequeños oligarcas de pueblos y barrios, hasta los grandes de regiones y países, culminando en los oligarcas internacionales, con enormes propiedades en países y zonas diferentes de todo el mundo.
Luego tenemos un sistema hegemónico que, lejos de estar débil y "agotado", domina todo el globo y establece un control completo sobre la voluntad de los habitantes del planeta, a los que convence de ser ciudadanos libres y decisorios, y que impone su dictadura a los poderes políticos a través de su red oligárquica, que controla los recursos económicos de toda la tierra.
Que sea un sistema dominante y fuerte, no significa que sea infalible y eterno, y este, como todo, tiene fallos y a la vez encierra en su esencia el germen de su propia destrucción. La labor del revolucionario consiste en abonar el terreno para que la semilla agarre y crezca y no en aferrarse a quimeras y teorías proféticas absurdas.
El capitalismo ha rizado el rizo en los principios del siglo XXI reinventándose como teoría revolucionaria que se hace la revolución ¡a sí mismo! Como pudimos comprobar con la "revoluciones naranja" que recorrieron la Europa del este a principios de siglo y con el desarrollo de las "revoluciones" de ingeniería social como la primavera árabe, el movimiento 15-M en España y otros intentos desestabilizadores en Venezuela, Brasil, Argentina, Turquía...  Todos intentos de revoluciones que, con diferentes objetivos, implementan una revolución "democrática" y capitalista, dentro de un país que ya era "democrático" y capitalista. ¿Con qué objeto? Pues, como hemos comprobado en Egipto, acabar con los elementos verdaderamente disidentes, cansar aún más y atemorizar al pueblo y prepararlo para que acepte su sistema como algo inevitable e insuperable. "Hacer que todo cambie para que todo siga igual".
Hoy podemos comprobar que en Egipto las cosas están de forma idéntica a como estaban en tiempos de Mubarak y que, tras tres años de "revolución", los que han muerto o están en la cárcel son, precisamente, los disidentes del régimen antiguo, que gobernaba el país subordinados a los poderes financieros internacionales. Justo lo que están volviendo a hacer ahora.
Pero, como ya he dicho, que esté más fuerte que nunca no significa que sea infalible o indestructible y, si sabemos leer correctamente los acontecimientos podremos ver donde está su talón de Aquiles.
Uno de estos acontecimientos se está produciendo ahora en Ucrania, y allí se juntan una serie de factores que, lejos de sensacionalismos e ilusiones, deben servirnos para adquirir conocimiento y experiencia. A saber: Se trata de una guerra fronteriza semideclarada ente dos zonas oligárquicas y a la vez entre dos oligarquías nacionales: La oligarquía ruso-ucrania, que tenía el poder con Yanucovich, contra la oligarquía euro-ucrania que ha tomado el poder tras una feroz revolución violenta que ha culminado en un golpe de estado.

En Ucrania podemos ver como la oligarquía euro-ucrania contrata mercenarios profesionales de una compañía privada especializados en hacer la revolución violenta y como la ruso-ucrania pide ayuda militar a la potencia a la que está vinculada. Juegos de poder.
También vemos en Ucrania como el capitalismo oligárquico occidental trabaja codo con codo con el fascismo ucraniano, como ya hiciera en Chile, España y otros muchos lugares del planeta, demostrando que los fascismos o nacionalismos radicales son una parte más y un recurso del nuevo capitalismo oligárquico global que domina el mundo.
En Ucrania, no hay una guerra entre pueblos, ni una revolución popular; hay una guerra entre oligarcas de distinta procedencia, que emplean distintos recursos a su alcance. Al final, no llegará la sangre al río y unos y otros se repartirán la tarta y los dos pueblos ucranios perderán la guerra para que ganen los oligarcas de los dos lados. Unos más que otros, pero ganar algo siempre es mejor que perderlo todo, como casi seguro les pasará a los ucranios, ya sea pro-rusos o pro-europeos.
Para nosotros, queda la experiencia y la conclusión de que no se cambia nada ni se consigue si no se lucha con todas las fuerzas y de que al sistema global solo se le vence avivando el fuego de sus contradicciones internas. Porque, si algo hay que tener claro es que no se podrá aplicar ninguna política que beneficie al pueblo y sobre todo a los más débiles, mientras el mundo esté en manos de este orden oligárquico.


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