martes, 24 de junio de 2014

El rey con las asociaciones de gays y lesbianas.

La verdad es que el rey pasa por muy malos momentos, y eso que no ha hecho más que empezar su reinado: Un rayo casi parte al avión en el que viajaba SU selección y SU aristócrata seleccionador; una demanda de paternidad contra su padre acaba de llegar a la Audiencia Nacional; y su hermana del alma está que si sí, que si no, en el Caso que instruye el juez Castro contra su cuñado y asociados.

La precipitada abdicación de su padre y su coronación, se hizo porque la monarquía estaba en la cuerda floja y, si se ha salvado, ha sido por la ambigüedad y la indecisión del partido de los politólogos complutenses, cuyo caudillo y mesías de la nueva era de la coleta, y también hombre fuerte de los grandes intereses tecnológicos y audiovisuales, no veía con malos ojos eso de ser el Felipe González de Felipe VI, como el idem lo fue de Juan Carlos, y decidió parar la fiebre republicana más que alentarla.
Con el Gobierno saltándose a la torera todos los protocolos para aforar al ex rey y dando las justificaciones más inverosímiles por boca, como no, de su pintoresco ministro Gallardón, con el fin de que los "asuntillos" del mataelefantes sean tratados por el grupo de "amigos" que los principales partidos han "colocado" en el Tribunal Supremo de la nación; el nuevo rey tiene motivos de sobra para encontrarse, como mínimo, algo deprimido.
Es en momentos como estos en los que una reina española con todas las letras tiene que saltar a la arena y demostrar porque lo es y, Leticia, así lo ha hecho.
Todos sabemos que en el colectivo homosexual español hay un sector, el más estrambótico y escandalosamente plumífero, que siente verdadera pasión por la monarquía y, sobre todo, por la reina Leticia, y ésta, conocedora de la situación, ha decidido corresponder a tal afecto dando una recepción a las diferentes organizaciones homosexuales del país, con el fin de ganarse el cariño de todo el colectivo, cuyo número se estima en unos cuatro millones en todo el país.
No sé si Doña Letizia (por una vez lo escribiremos como a ella le gusta) habrá conseguido sus objetivos de ganarse el amor de los cuatro millones de homosexuales que dicen que hay en España. Me da que no, porque entre ellos, los hay y no pocos, que aborrecen tanto a los emplumados, que pagarían por mantenerlos lejos, casi tanto como pagarían por ver a este país libre de la fatal monarquía, de una vez y para siempre. Pero en el de remediar la depre de su real esposo, estoy más que convencido de que su majestad ha fracasado estrepitosamente, ya que ésta, no solo no se ha aliviado sino que se ha agravado considerablemente. Y créanme; a mí me habría pasado lo mismo tras recibir a tan patéticos personajes, casi tanto como si hubiera recibido al coletas y a su corte de asesores complutenses. Y que conste que no lo digo ni por la condición sexual de unos ni por la social de otros, sino simplemente por eso: por lo patéticos.



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