miércoles, 27 de agosto de 2014

La Misión: que el poder sea del pueblo y no de los oligarcas




Estamos hartos de ver intentos de establecer formas paralelas y alternativas de convivencia, establecidos en edificios abandonados, ocupados con buenas intenciones y en espacios y centros cedidos por órganos oficiales.


Se crean centros sociales, culturales y de convivencia, que duran hasta que cambia el gobierno que cedió los terrenos o los inmuebles, o hasta que el propietario del edificio ocupado se acuerda que en tal lugar tiene un inmueble abandonado y decide venderlo o derribarlo para hacer un lucrativo negocio.
Es en ese momento cuando vienen las fuerzas del "orden" y sacan de allí por la fuerza a los ocupantes del bien intencionado experimento.
Fin de la historia. A partir de ese momento a buscar otro lugar de similares características y a intentar hacer lo mismo hasta que se vuelva a repetir exactamente la misma situación.
Pero esto no es nuevo, ¿Recuerdan "La Misión"? Impresionante película (os la recomiendo) que nos dice que las buenas intenciones duran hasta que lo permiten unos intereses mayores, que están en todas partes y de los que muy pocos parecemos ser conscientes.



Y la verdad es que todas estas ideas, tanto altermundistas como libertarias, son hermosas cuando menos y un gobierno que fuera del pueblo debería facilitar su realización. Pero ni los gobiernos de la tierra ni el poder están en manos del pueblo, ni es su fin servir al pueblo, sino a esos intereses económicos de avaricia infinita, a los que lo único que satisface es acaparar más y más poder, y más y más recursos.
La sociedad y los pueblos son esclavos de la economía y ésta es mero instrumento de esos poderosos dueños de la economía y de los recursos, que utilizan todo ello para aumentar su riqueza e influencia en la misma proporción del aumento de la miseria, la pobreza y la esclavitud de los pueblos y, sobre todo, de los que están en la base de la pirámide social, o en el sótano.
No hay salida, si queremos intentar otra forma de vida diferente a la que tenemos bajo la dictadura de la #TiraníaFinanciera global, tenemos que quitarles el poder y el control de los recursos materiales y financieros del planeta.
Sí; yo puedo ser un visionario que imagina demasiado y sufre alucinaciones, pero, estas alucinaciones también las sufrió Ernesto Che Guevara e intentó acabar con esa tiranía, por aquel entonces, capitalista. Estuvo a punto de lograrlo de no ser por unos traidores que lo vendieron al enemigo de los pueblos, para que lo mataran, a cambio de unas cuantas monedas de plata.
Otros muchos como Thomas Shankara 


o Patrice Lumumba 



tuvieron las mismas alucinaciones y el sistema se dio mucha prisa e invirtió muchos recursos para matarlos.
Luego no estarán tan locos los locos. Porque, de haberlo estado, hubiera bastado con encerrarlos en un manicomio. Había que matarlos, para matar su ejemplo y su idea y porque habían descubierto la verdad del sistema capitalista y adquirido consciencia de que solo si quitamos el poder a los oligarcas que dominan el mundo para su ostentación podremos ser libres.
Se puede matar a los hombres y borrar su memoria, pero no se puede asesinar la verdad, ni la idea de aquel que la ha descubierto.
Ambas cosas, verdad e idea revolucionaria, son dos realidades que aún hoy permanecen inmutables e inalterables, a pesar de esa nube de oscura mentira, con la que los "elegidos" y su máquina mediática quieren cubrirlas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada