domingo, 21 de diciembre de 2014

Feliz Navidad


Magníficos los retos que se presentan ante nosotros en estos tiempos, que nos ha tocado vivir, y no menos alentador futuro el que aguarda a nuestra España.
Los retos inmediatos, y que traen de cabeza a nuestras familias, son si pedimos rape o cordero en el menú para la cena de nochevieja, o si regalamos a nuestros familiares los mismos perfumes y camisas de todos los años para reyes o, si optamos esta vez, por una bufanda de lana parecida a aquellas que tejían nuestras abuelas.



En cuanto al futuro, se debate entre la derecha tradicional (apoyada por un amplio sector de la clase acomodada) que, siguiendo con las viejas costumbres que siempre han caracterizado a nuestra patria: impone mano dura, autoritarismo y austeridad para el pueblo, mientras usa los recursos y medios del país para su disfrute y opulencia; y, por otro lado, una aglutinación de muchachetes y muchachetas (casi todos ingenieros informáticos), que piensan que las latas de cerveza las producen unos arbolitos que los camareros siembran en las cámaras frigoríficas de los bares y que el chocolate de los porros se hace con la leche de unas vacas que se llaman marijuanas. ¡Ah de la casa! Exclamo el visitante. O,  ¡Hay de mí! Que dijera Doña Ines, al ser encalomada por Don Juan. 
Dicha aglutinación de jóvenes, y abuelos dimanantes del vanguardismo yeyé (que fueron los que llevaron al poder a Felipe González) de los años 60/70, se aglomeran entorno a la figura mesiánica de un líder con coleta y se perfila como principal oposición a la derecha tradicional y fascistoide española. ¡Que Dios nos coja confesados!
El caso es que en medio de tanto despropósito y desmán, existe la posibilidad de que las cosas salgan bien, aunque sólo sea por el mero capricho aleatorio del azar, y el mesías de la nueva era, Pablo Iglesias, dé con la tecla adecuada y el país empiece a funcionar de maravilla, como en su día la Suecia de Olof Palme. Lo dudo mucho y ni me creo que la nueva formación política (la de los susodichos ingenieros informáticos, llamada Podemos) llegue a gobernar algún día, pero... ¿Quién sabe? El pueblo español es tan impredecible, anárquico y caprichoso, que hasta eso podría pasar.
Sensacionalismos y nicolasines aparte, el país no está, ni tan bien como nos cuentan los que están, ni tan mal como nos quieren hacer ver los que se quieren acomodar. El país va, tambaleándose, pero va. Y lo hace, a trancas y barrancas, gracias al trabajo de unos pocos que nos deslomamos para mantener a un aparato de estado, que supera proporcionalmente en burocracia al de la URSS. y que se ha convertido en una carga insostenible para la ciudadanía, y gracias a la emisión de deuda pública por parte del Gobierno, deuda que no para de subir y que ya ha superado el 100% de nuestro PIB.
Bueno, la receta del Gobierno es fácil: Decir que todo va como la seda y aprovechar la coyuntura económica internacional para seguir aumentando la deuda sin reducir gasto de estado y burocracia, y sin buscar una sola fórmula que estimule el tejido industrial y productivo para crear empleo estable, que es lo que verdaderamente necesita el país.
Cuando la deuda llegue al 200%, seguramente las calificaciones empezarán a ser negativas, subirán los intereses, habrá dificultades de financiación del Estado y se empezará a hablar de rescate de España otra vez. Pero, para entonces, el ZP de turno, llámese Pablo Iglesias o Perico el de los Palotes, estará en el Gobierno y será culpable de todo y el objetivo del apaleamiento público por algo que él, ni sembró ni causó, pero que si tendrá el "honor" de cosechar.
Será entonces cuando de nuevo la gente salga a la calle o tome las plazas y, otra vez, la mayoría, poseída por el miedo a perderlo todo, confíe en aquellos que originaron el caos, para que les vuelvan a "salvar". Y vuelta a empezar; la rueda del engaño perenne volverá a girar.
¿Qué esto no es serio? ¡Claro que no! Es cómico, grotesco y estrafalario, cómo corresponde al país de Torrente, Rodolfo Chikilicuatre y el Pequeño Nicolás.
Feliz navidad.



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