martes, 31 de marzo de 2015

Sobre la corrupción




Todo el mundo habla de la corrupción como si esto fuera una cosa extraña o ajena a cada uno de nosotros,  pero la verdad es que la corrupción como tal es algo que se encuentra en todos nosotros y que se manifiesta, según las circunstancias propias de nuestras vidas.
Entiendo que somos íntegros en la medida en que mantenemos las puertas cerradas a la tentación y que cuando las abrimos, dejamos la integridad para convertirnos en entes corruptos. Pero, tanto en grado como en condición, podemos decir que un fontanero que no declara sus impuestos, que cobra más de lo debido o que infla facturas para un ayuntamiento o ministerio es tan corrupto como el concejal o ministro que le concede la obra, ya que el fraude lo cometen conjuntamente y ambos se benefician por igual de él.





Yo diría que empezamos a ser corruptos en el momento en el que deseamos más de lo que necesitamos realmente, o en el momento en el que queremos parecer y aparentar más de lo que somos en realidad.
Luego deberemos dejar de ver la corrupción como algo ajeno y que sólo afecta a los otros, o más concretamente "a aquellos", para verla como algo que puede darse en nuestro entorno más cercano y en nosotros mismos.
Por otro lado tenemos que entender que la sociedad de consumo basa parte considerable de su funcionamiento en prácticas corruptas y que, tanto la publicidad como los hábitos que ésta fomenta, van encaminados a hacernos corruptos pues nos incitan a desear y esforzarnos para conseguir cosas que en realidad no necesitamos y que, en la mayoría de los de los casos, suponen actos de ostentación innecesarios.
Corruptos y corruptas en el jardín sagrado de la benevolencia, bienvenidos al festín de los deseos que nos bajan los elfos en las noches de plenilunio.
La sociedad capitalista funciona en parte porque existe la corrupción, porque existe el engañó, porque existe el acto delictivo. Difícil de aceptar pero no por ello menos cierto.
Si las leyes no persiguen con la suficiente contundencia las prácticas corruptas en la sociedad capitalista, se debe al hecho antes mencionado, pues la sociedad capitalista está obligada a mantener una cierta permisividad con ellas, ya que si apretara la tenaza sobre  la corrupción hasta el punto de asfixia y llegara a extinguirla por completo, la sociedad y el sistema económico de consumo y crecimiento se pararía. Sufriría un estancamiento repentino y un colapso.
La sociedad capitalista, pues, se ve obligada a mantener con la corrupción un equilibrio entré permisividad y persecución; no puede tolerarla por completo, porque de hacerlo el sistema quedaría en evidencia ante la opinión pública, pero tampoco puede llegar acabar con ella.
Sucede un poco lo que nos pasa a los usuarios de Google con el corrector automático; que nos beneficia por un lado, pero por el otro, no para de hacernos la puñeta cuando y donde menos lo esperamos, inventando palabras inexistentes y poniendo acentos donde no debe.
La corrupción, por otro lado, y esto es obvio, se produce allí donde hay dinero y recursos  porque donde no los hay, todos somos santos. Está claro qué hay los ladrones si hay algo que robar porque, si no hay nada que robar, pues no hay ladrones.
Estamos viendo en la actualidad que todas las fuerzas políticas y partidos se acusan unos a otros de ser corruptos, el famoso "y tú más", y otras lindezas que nos regalan a diario los miembros de las diferentes castas qué se dedican o aspiran a dedicarse a la política. Lo curioso es que por una vez todos aciertan y todos son o tienen algo de corruptos. Porque por mucho que nos lo parezca o queramos aparentarlo, absolutamente, ninguno de nosotros somos impolutos.
Acabar con la corrupción sería tan fácil o difícil cómo acabar, en todos y cada uno de nosotros, con toda tentación o todo acto perjudicial para los demás o para nosotros mismos. Pero, cómo hablamos desde un punto político y social, deberemos intentar averiguar o aportar una idea o un principio que nos sitúe en un punto de partida hacia una solución o, por lo menos, hacia una reducción de esta  auténtica lacra social que no se da, no cómo piensan algunos, exclusivamente en nuestro tiempo, sino que se ha venido produciendo desde los orígened de todas las civilizaciones.
Llegados a este punto tengo que admitir que algunas de las soluciones qué propone ese grupo con el que soy tan crítico y que se denomina Podemos, bien aplicadas, podrían dar buen resultado.
Una mayor transparencia en la gestión de las cuentas públicas unida a un incremento de la vigilancia policial y el control ciudadano, todo ello junto a una modificación del Código Penal que pasara a considerar delito algunas prácticas, que ahora se consideran siemples faltas administrativas, y un aumento de las penas impuestas a los condenados por delitos económicos. 

Porque sí, está bien que todos nos propongamos ser muy buenos, honrados y honestos, pero todo ello suele quedar en agua de borrajas cuando nos ponen delante un montón de dinero o un bonito chalet con vistas a la playa y un Mercedes en el garaje. Los propósitos personales y buenas intenciones de todos y cada uno de nosotros tienen que ir acompañados de una vigilancia social y del temor a los castigos penales disuasorios. Castigos que ahora no existen o que producen risa del tipo Bárcenas a los imputados y acusados de corrupción, precisamente porque las penas a las que se pueden enfrentar han sido diseñadas y creadas por los mismos que saben que pueden ser acusados por prácticas corruptas. Por eso más que disuasorias, son de verdadera risa.



No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada