martes, 21 de abril de 2015

Con IBI de hibisco comunista

Revolución es cambio radical, giro completo, ciclo evolutivo total. Si nos referimos a revolución social, hablamos de una profunda y radical transformación que completa un ciclo para situar las estructuras sociales en un punto totalmente opuesto al que se encontraban, antes del inicio de la transformación revolucionaria.
A la revolución que procuramos, algunos la llaman comunista, pero a mí (dada la confusión que se acumula en los últimos tiempos sobre este término) me gusta llamarla revolución socialista y obrera. Porque, al hablar de “comunistas” en los tiempos que vivimos, nos podemos estar refiriendo a un somatén como Santiago Carrillo, a un aristócrata iluminado como Nicolás Sartorius, o a un visionario indefinido trotskista, como tantos que andan por ahí, añadiendo más confusión si cabe al calificativo de comunista.



Por tanto, nos gusta definirnos como socialistas revolucionarios, obreros y leninistas, ya que hasta el momento, la praxis de Lenin, ha sido la única que ha encarado con éxito la construcción del estado socialista y obrero.
Nuestro fin revolucionario es la construcción del estado obrero, que otros llaman de otras formas; a mi entender no convenientes hoy, y que no es más que la toma del poder, el control y las riendas de la sociedad, por parte de la clase obrera, a través de su vanguardia de lucha, para encarar la construcción del estado socialista, al que no renunciamos.
Renunciar al estado socialista es por ejemplo, decir que estamos haciendo una revolución, pero que respetamos la propiedad privada en su conjunto y que no vamos a “hacer como en la Unión Soviética, porque miren como acabó”. Poco sabe de los motivos que llevaron a la caída de la URSS los que dicen esto. Pero, ese es otro tema.
No vamos a hacer como en la URSS porque vivimos en un espacio temporal distinto y entonces se escribía con plumas y máquinas de escribir y ahora lo hacemos con ordenadores y smartphones. Pero los objetivos no varían porque siguen siendo necesarios, ya que tanto la opresión como la explotación y el abuso de los más ricos y poderosos hacia los más débiles, no solo no ha desaparecido, como dicen algunos, sino que ha aumentado hasta proporciones colosales.
Es objetivo prioritario de todo revolucionario acabar tanto con la opresión, como con la esclavitud latente o explotación, tanto  como con el abuso y actuar sobre la riqueza acumulada para que, desde los más ricos (son los responsables de todo abuso), revierta hacia los más necesitados. Para hacer esto, hay que actuar sobre la propiedad privada, al menos hasta que encontremos una varita mágica capaz de convertir el polvo en  para dárselo a los pobres.
Esto no significa que queramos prohibir la propiedad privada y, dado que la riqueza en estos tiempos se crea y se destruye a una velocidad vertiginosa, tal vez no sea necesario llegar a las expropiaciones y colectivizaciones  que se hicieron en algunas revoluciones del siglo XX. Digo tal vez, porque está claro que hay muchas cosas que sí habrá que expropiar por decreto, como son los sectores energéticos, hidrológico, marítimo, patrimonio cultural, los montes… Son sectores que deben  ser patrimonio del pueblo en su totalidad y no de terratenientes, hacendados, accionistas privados o cleros. Pero, está claro que sí usted tiene una moto, un coche y una casa porque ha trabajado para ello y la ha ganado honradamente, pues nadie le va a decir nada al respecto.
Otra cosa, sobre la que hubo cierta polémica en torno al mesías podemita y “comunista”, Pablo Iglesias, es el tema de la segunda vivienda, la tercera, la cuarta, la quinta…  Que nos va a servir para explicar, cómo actuaríamos los social-revolucionarios al respecto en caso de ganar las próximas elecciones, cosa impensable en España hoy, por otro lado.
Una medida socialista revolucionaria, necesaria en estos momentos, no solo para equilibrar la riqueza, sino para actualizar los stocks de viviendas en manos de especuladores y entidades financieras y bancarias, es la implementación de la gradualidad en el impuesto de los bienes inmuebles IBI.
¿Qué significaría gradualidad en el IBI? Pues, la implantación del IBI gradual. Y, ¿Qué es el IBI gradual? Pues que si usted tiene una casa, pues no va a pagar nada de IBI o muy poquito. Habrá que estudiar tipo de vivienda y número de personas que viven en ella, porque no puede pagar lo mismo un estudio unipersonal o un piso de cien metros en el que vive una familia numerosa que una mansión de 700 metros con sisvientes.
Pero, si usted tiene dos casas, las puede tener tranquilamente y nadie se lo va a prohibir ni se la va a expropiar, pero tiene que saber que por la segunda, va a pagar el 50% más de IBI que por la primera. Y si tiene tres, por la tercera pagará un 75% más que por la segunda y así en progresión hasta el infinito. ¿Qué usted quiere tener cien casas y puede mantenerlas? Pues, Ole. Pero creo que llegará un momento en el que decidirá prescindir de alguna, sopena de arruinarse.

Esta es una forma sutil de acabar con la especulación de la vivienda, hacer socialismo, actuar sobre la propiedad privada sin violencia y revertir de los que más tienen hacia los que tienen menos porque, tanto los impuestos, como los inmuebles que el Estado irá absorbiendo, se utilizarán para satisfacer la necesidad de vivienda de los que no la tienen y para crear riqueza y trabajo donde no lo haya.

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