domingo, 27 de septiembre de 2015

Esa rara enfermedad llamada anguitismo


Dicen las malas lenguas que Santiago Carrillo “destrozó el PCE” y la verdad es que hay mucho de cierto en tal aseveración. Pero, también es verdad que tuvo ayudas considerables como las de Ramón Tamames y Nicolás Sartorius, el propio Julio Anguita (empeñado en diluir al partido en una especie de masa multiforme y multicolor) y una larga ristra de caudillos y señores feudales de dudoso pelaje, cuyo nombre me reservo, más que nada, porque todavía andan por ahí, viviendo de liberados y de algún acta de concejal, caída a ultima hora y por sorpresa, y porque tampoco es mi intención dañar más de lo que ellos han dañado, al Partido Comunista de España.

Se inventaron Izquierda Unida (en sus inicios yo colaboré con el experimento) porque pensaban que la gente había dejado de votarles por rechazo a los comunistas y ellos, que no eran comunistas ni lo serán nunca, tenían la desgracia de militar en un partido comunista.
Con independencia de esto, los inicios de Izquierda Unida fueron prometedores y hay que reconocer que se ilusionó a mucha gente hasta que a Julio Anguita le dio por ponerse pesado y a los barones y caudillos como Frutos por montar guerras de guerrillas internas. De todas formas, la puntilla se la dio Anguita a sí mismo, montando una pinza en Andalucía, para desbancar al PSOE, aliándose con la derecha (PP) del señorito andaluz de toda la vida. Uno de los grandes "aciertos" de su paso por la política, por la que ha pasado, por cierto, con mucha más pena que gloria.
Tras varias debacles, el más que acertado liderazgo de Cayo Lara, consiguió recuperar la coalición para llevarla a conseguir unos resultados electorales en 2011 más que aceptables para lo que había llovido y tronado en la coalición.
Con el PP gobernando, un PSOE en decadencia y España en plena crisis, Izquierda Unida lo tenía muy fácil para convertirse en la fuerza representativa de la izquierda; solo tenía que cerrar filas, fortalecerse como organización y hacer una verdadera oposición, cosa, esta última que hay que reconocer que sí ha hecho, gracias al buen hacer del Coordinador General, Cayo Lara.
Pero no, esto era demasiado bonito para ser cierto y apareció Julio Anguita, dando charlas en TV, hablando de la unidad de la izquierda (¿no estaba ya unida en la izquierda que él creó?), de confluencias, convergencias, frentes cívicos y no sé cuantas más sandeces, más propia de un visionario de la filosofía o de un anciano senil que de un político activo y con visión de la coyuntura social del momento.
A la aparición estelar del visionario de los visionarios, Julio Anguita, le sigue la de Pablo Iglesias (anguitista e iluminado en las sombras del pce), los niños minarquistas de Juventud si Futuro (organización que ni Dios sabe quien y con qué dinero se ha creado) y un politólogo formado en las universidades de la Alemania Occidental, que atiende al nombre de Monedero, para formar algo llamado Podemos y que presenta todos los síntomas de ser una de esas izquierdas, diseñada por los poderes fácticos, para que las ovejas no se salgan del redil. O sea: una de esas izquierdas tipo Syriza, que parezca una izquierda que sirve a los de abajo pero que, como Syriza, a la hora de la verdad y la definición, hace que la moneda caiga siempre del lado de los poderosos que, para eso, la crearon y financiaron. Eso es Podemos.
Pero los oportunistas como Tania Sánchez, Mauricio Valiente, Alberto Garzón y tal, no quieren ver la realidad de lo que es Podemos o no les interesa verla o saben que con "eso" ganarán más 💵 y , como buenos anguitistas destructores de la izquierda, ven en sumarse a Podemos la posibilidad de obtener mejores resultados electorales y, por tanto, mejor puesto, posición y sueldo que si permanecen en Izquierda Unida, en la que , gracias a Anguita, hace mucho que dejaron de creer.

Intentan a toda costa llevar a la realidad las tesis de Anguita y el primer lugar en el que lo consiguen unir o confluir es es Cataluña. ¡Sí! Allí se consigue una lista unitaria semejante a Zaragoza, Barcelona y Madrid, en cuyos ayuntamientos gobiernan en minoría, y piensan que van a conseguir un resultado espectacular y que van a ser la segunda o tercera fuerza política superando a C's y al PSOE... Nada de eso se hace realidad y lo que consiguen es un descalabro similar al del PP y con idénticos diputados. Un verdadero desastre al quedar muy por debajo de los resultados conseguidos por la “segunda fuerza” de a coalición en el 2012, ya que ICV-EUIA obtuvo en aquellas elecciones 13 diputados; dos más que la “grandiosa” convergencia, confluencia o unidad popular parida por la lúcida mente del visionario de los visionarios, llamado Julio Anguita. Eso es lo que hay y lo que puede dar de sí la unidad popular en común o como quieran llamarla.


Sí, es tan duro como suena: gracias al Señor Anguita, hemos perdido una gran oportunidad de tener, como mínimo, un gran grupo parlamentario en este país, que defienda los intereses de las clases populares y trabajadoras. Repito: gracias a Anguita y a sus seguidores y también seguidores de aquellos iluminados que tanto ayudaron a destrozar el PCE.

Solo se me ocurre decir una cosa: Señor Anguita, váyase de balnearios con el Imserso y deje el mundo de la política y de la izquierda de una vez. Ya pasó su tiempo; no nos joda más.

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