El Apocalipsis o Libro de las Revelaciones



Si fuera creyente, podría asegurar que la actual situación que vive Europa y España, ha venido por castigo divino. De hecho, si hubiera un Dios que impartiera Justicia en el universo, hasta diría que sería justo que así hubiera ocurrido. Pero no soy creyente y, por tanto, no creo que sea eso lo que ha pasado, sino que una especie de inoperancia demencial producida por una sobrealimentación transgénica y un exceso de comodidad opulenta, se ha apoderado de nuestros dirigentes hasta convertirlos en unos parásitos ineptos e inoperantes.
Tampoco creo que Esto a lo que podríamos llamar Dios o fuerza motriz del universo actúe de esa forma por suerte para los rufianes y estafadores que controlan el mundo y que explotan a los pueblos sin el menor escrúpulo ni miramiento o consideración hacia los millones de seres humanos que viven y mueren en la miseria producida por la injusticia del sistema que ellos han puesto en marcha, mantienen y expanden para su lucro personal y afán de acumulación de riquezas sin límite.
No, la fuerza o energía que proyecta la vida en el cosmos no tiene un mecanismo consciente de respuesta o castigo, sino que es neutral y alimenta o sostiene a todo ser vivo al margen de sus actos como base esencial de todo cuanto existe en el universo. No existen unos seres conscientes superiores que puedan intervenir en este plano de existencia en el que se desarrolla la vida humana.  Por consiguiente, puedo decir que todos los movimientos místicos y religiosos que existen en la actualidad son completamente erróneos. No existe ni un Cristo ni un Shiva ni un Brahma ni Alá ni Elohim, dios o demonio alguno capaz de premiar o castigar a nadie ni dar o quitar vida. Existe el cosmos,  un universo del que somos conscientes (puede que haya más) y una fuerza motriz que promueve el binomio materia energía que a la vez es sustento y fuerza de la vida consciente e inconsciente.
No pretendo entrar en este escrito en como las religiones son en realidad una forma de control de las masas y un negocio muy sustancioso para ciertos grupos sociales porque sobre la cuestión han corrido ríos de tinta y es tan obvio para cualquiera que tenga dos dedos de frente que voy a dejarlo para otra ocasión.
Tampoco es mi intención dar una charla metafísica ni nada parecido o decir que mis convicciones son la verdad absoluta. Son mis convicciones, netamente materialistas, y para mí son la verdad. ¿Puede haber otras convicciones y otras verdades? ¡Por supuesto! Pero para mí es la verdad sobre la que no tengo dudas y, por tanto, la expreso con rotundidad y certeza absoluta porque es mi decisión, mi libertad y mi derecho.
Hace ya unos años, la ingenuidad de una fe inconsistente me llevó a estudiar el libro del Apocalipsis de San Juan y a buscar en él una respuesta a mis dudas sobre el futuro de la humanidad. Eran los tiempos de la psicosis nuclear de la guerra fría y muchos vivíamos con el temor de una guerra atómica que acabara con la vida en el planeta.
Tras una primera fase de estudio, quedé anonadado al ver que en al libro había muchas cosas que coincidían con lo que en aquellos momentos (finales  del Siglo XX) estaba pasando en el mundo. ¿Cómo era posible? ¡En aquellos días, alguien predijo lo que ocurriría casi dos mil años después! Me sentí entusiasmado por lo que descubrí y decidí someter el libro a un segundo estudio, aún más exhaustivo,  y volví a quedar maravillado al ver que allí estaban hasta la guerra entre Irán e Irak y la mediación del Imperio Americano, la invasión de Kuwait por Sadam, Las andanzas y fechorías del “Pueblo Elegido Sionista”… Aquel libro predecía todo lo que yo estaba viviendo y ofrecía el desenlace de 144.000 guerreros inmaculados que se encontraban en el Monte Sión con el Mesías y derrotaban al mal.
Este concepto, que nunca me acabó de quedar lo suficientemente claro y el estudio del contexto histórico en el que se escribe el libro, fue el que me fue proporcionando las claves para explicarme en años siguientes lo que era en realidad el Libro del Apocalipsis o Libro de las Revelaciones, como es conocido por los protestantes cristianos.
El libro es escrito a finales del Siglo I  (época en la que el Imperio Romano, La Bestia, como veremos más adelante, recrudece las persecuciones contra el cristianismo que en aquellos tiempos era considerado una secta del judaísmo) por unos cristianos que por alguna razón no eran condenados a la cruz ni a ser alimento de fieras en el circo y eran deportados de por vida a la Isla de Patmos (Mar Egeo), siendo Domiciano emperador de Roma.
Los cristianos de aquel tiempo, formaban una corriente pacifista del judaísmo que, a diferencia de la doctrina ortodoxa hebrea, se manifestaba contraria a la usura y al lucro que eran la base principal de la religión judía y, además, eran contrarios a cualquier tipo de violencia, pudiendo ser considerados el primer movimiento pacifista de la Historia. Digamos que eran los perro flautas de aquel tiempo, ya que pensaban derrotar al poder por la mera expansión de la paz, el amor y la no violencia.
En buena lógica, cabe suponer que Juan, el que se identifica como autor del libro, no estuvo solo en la confección de la escritura, sino que en la tarea, participaron los otros cristianos que con él sufrían la pena de la deportación, si no todos, sí al menos en una parte importante. Lo que nos lleva a deducir que para unos cristianos de origen judío que esperaban que su líder y maestro resucitara para liberarlos del yugo y las persecuciones del Imperio Romano, ¿Qué mejor lugar que un monte tan simbólico para los judíos como el Monte Sión?
En cuanto a la virginidad y pureza del ejército liberador que combatiría codo con codo con el Mesías contra las huestes de La Bestia hasta derrotarla, es lógico que si quienes les perseguían y asesinaban eran considerados por ellos como discípulos de La Bestia y se entregaban al vicio, la perversión, las orgías múltiples y bacanales; quienes les liberarán de este dominio tenían que ser lo contrario a sus perseguidores y tener hábitos y costumbres radicalmente opuestas. Vamos, que por la parte de atrás no les podía entrar ni el estornudo de un mosquito.

Hasta en nuestros días, en los que la gran mayoría piensa que, por ser más avanzado, el hombre es más inteligente, crítico y analítico, llegan las creencias de diversa índole mística basadas en este librito. Un sector importante del cristianismo está convencido de que describe el final de los tiempos (otro concepto erróneo) y la llegada de Jesús, convertido en Cristo redentor (del que dicen que resucitó tres días después de que le mataran) y salvador, y que describe también cómo el Mesías lidera una batalla de las fuerzas de la luz contra las de las tinieblas y ¿Cómo no? Las fuerzas de la luz a las que, por supuesto, pertenecemos nosotros, salen victoriosas y viven eternamente felices en un lugar de fantasía junto a un dios creado por la fantasía y la invención para el negocio.
Imagino que para creer todo esto, hay que renunciar al uso de la razón o hacer como muchos de los que conozco, que crean en su mente una especie de compartimento estanco en el que no penetra la razón y donde reina la fantasía y el razonamiento aleatorio desprovisto de toda lógica científica. Cuando tienen que trabajar utilizan el resto de su mente y ese pequeño reservado lo guardan para los días de misa, entierro y demás celebraciones religiosas.
Otros toman la Biblia como fuente de toda sabiduría y guía de sus vidas y  aceptan todo lo que en ella se escribe sin cuestionarlo, rechazando sistemáticamente toda aportación de la ciencia que demuestre cualquier error en los escritos “sagrados”.
Pero en lo referente al libro del apocalipsis, la razón nos dice que el sentido que se le da en la actualidad por parte de muchos creyentes y sacerdotes cristianos, está muy lejos de ser real y que la verdad que se esconde entre sus líneas es bien distinta de la realidad histórica , así como los motivos por los que fue escrito, son totalmente divergentes de los que posteriormente las religiones le han dado.
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LOS TENTÁCULOS DE “LA BESTIA”.
Alguien hace muchos años nos dijo: “Cuidado, todo es Mente”. Y la frase quedó en el olvido porque así interesó a los hombres en la urgencia de cubrir las necesidades más básicas y primitivas aún hoy no superadas.
Sin embargo, esta frase conlleva una advertencia; todo está escrito en tu mente y a través de ella puedes liberarte o cerrar definitivamente las puertas de tu laberinto mental. Lo dejamos ahí, por el momento.
Debe de quedar claro, que al hablar de “La Bestia” no hablamos de ningún ente corpóreo ni espiritual o material, sino de un ente mental creado por el hombre a lo largo de la Historia  y que, hoy día, se materializa en el sistema social, religioso, económico y político que ha consolidado su hegemonía sobre el planeta en el último cuarto del siglo pasado y que desde su creación se distingue por estar formado por unas élites dirigentes que gozan de todos los privilegios y unas mayorías sociales que viven en la miseria o la semiprecariedad y en la esclavitud o semiesclavitud.
“La Bestia” se empezó a formar hace muchos siglos respondiendo a las necesidades materiales  de los primeros reinos que se formaron en la prehistoria, cuando ante diversas amenazas, estos empiezan a crear alianzas que precipitarían en los imperios o conatos de “Bestias” de la antigüedad; imperios de India, China, Egipto, Babilonia…Todos estos ensayos y gérmenes  precipitan en los principios de la Historia en lo que se puede definir como la primera “Bestia” configurada en todos sus aspectos: El Imperio Romano, bajo el que se aglutinan la totalidad de las naciones del mundo civilizado conocido en la época.
En este imperio ya tenemos prácticamente todos los rasgos de la sociedad moderna y todos sus tentáculos bien formados y que perduran en la actualidad y son las bases sobre las que se sustenta el imperio internacional moderno en fase de consolidación sobre todo el planeta.
En primer lugar, en el Imperio Romano, tenemos claramente definida la sociedad clasista con los esclavos, que son aquellos que ocupan el escalón más bajo de la sociedad y que realizan las tareas más indignas por las que además no reciben ningún salario; son propiedad de los señores y como si fueran animales, estos pueden disponer de sus personas y de sus vidas cómo y cuando se les antoje. En la actualidad, esta situación apenas ha cambiado, solo que “La Bestia” se ha visto obligada a adoptar otros métodos sustituyendo las cadenas metálicas con las que ataban a los antiguos esclavos por otras invisibles pero que consiguen el mismo propósito que aquellas.
Un sistema económico basado en el comercio y en la explotación de los recursos de la tierra y que como en los días actuales solo puede ser ejercido, sobre todo el comercio, por las élites que tienen los recursos suficientes para hacerlo.
Un sistema político centralizado en el emperador, el sistema parlamentario es un simple adorno, que establece delegaciones consulares en las diferentes provincias y que tienen la última palabra en todos los asuntos que el imperio estima oportuno calificar como de su competencia. Los reyes y jefes de los territorios sometidos pueden hacer y deshacer en los asuntos cotidianos de sus estados siempre que no afecten a la competencia imperial. Si en un reino concreto aparece un “Gadafi”, se le sustituye por la acción política o militar, si hace falta, y se pone otro en su lugar, afín a los intereses del imperio.
En tiempos de Roma, ya el poder del césar o  emperador –poder del imperio-, se sostiene con el empleo de un  ejército, en el que tienen que servir todos los que aspiren a lograr la ciudadanía romana, bien organizado y fuertemente disciplinado que tiene, además, mejores recursos y maquinaría bélica que cualquiera de los insurgentes que pudieran aparecer o que los invasores externos que, de tarde en tarde, aparecían en oleadas desde fuera de las fronteras del imperio. Pero la labor principal del ejército romano es mantener el orden dentro de las provincias integrantes del imperio en colaboración con el otro instrumento de control del césar  que es el sistema de justicia romano, también extendido por todos los dominios de Roma.
El sistema de integración en el Imperio Romano, teóricamente era de libre alianza pero, como en la actualidad, si un país o reino decidía permanecer libre, rápido se buscaba un pretexto para conquistarle con la fuerza de las armas o se procuraba y apoyaba una disidencia interna. Todos estos métodos siguen plenamente vigentes en nuestros días.
”La Bestia” en sus orígenes, al igual que en la actualidad, permitía la libertad de culto siempre que no fueran perjudiciales o peligrosos para el imperio. “Dad a los dioses lo que es de los dioses y a César lo que es de César”, se decía. En el caso de que un movimiento religioso fuera declarado hostil, se le daba el mismo trato que a cualquier rebelión que surgiera en el imperio.
El sistema político y social romano, “La Bestia”, es el que perdura hasta nuestros días tras varias y complejas mutaciones o este es idéntico o copiado de aquel. No voy a entrar en sus entramados de barbaries, injusticias e iniquidades porque en la actualidad y dado el inmenso poder adquirido por esta “Bestia”, quizás no sea crear disidencia lo más inteligente, ni lo que conduzca a su derribo. Por eso, me voy a limitar a recalcar que éste, como el sistema mitológico y religioso que le complementa desde sus inicios, con esta o aquella variación en el nombre de los dioses, tienen en común que ambos son el fruto práctico y la creación de la mente humana.
Porque, cuando algo en lo material se presenta como invencible, más que lanzar a las masas a una muerte segura, la única forma es recordar a la humanidad que aquello que ha sido creado por la mente humana puede ser desmontado de la misma forma. Porque la mente humana crea; piensa y ejecuta y los pensamientos toman formas materiales. Pero más allá de los campos virtuales y materiales, la realidad es que aquello que ha sido creado por la acción de muchas mentes pensantes puede ser desmontado por otras muchas mentes pensantes si no vale la pena ser conservado.
Y aquí es donde surgen las interrogantes que nos llevarán a tomar una u otra decisión: “La Bestia”; un sistema económico, religioso y político que ha extendido sus tentáculos por todo el globo, ¿Ha servido al ser humano, o ha tomado vida propia y se ha servido a sí mismo, machacando al hombre, sirviéndose de él y haciéndole más esclavo? ¿Ha servido para satisfacer las necesidades de los habitantes del planeta o las ha acentuado y agrandado para que las élites que lo forman obtengan más y más beneficios? ¿Se han terminado las muertes por inanición bajo el dominio de “La Bestia”? ¿Somos los habitantes de la tierra más felices gracias a las medidas que “La Bestia” ha implantado en el mundo?
Luego entonces, como en los tiempos de los místicos de Patmos, “La Bestia” -el sistema- solo se sirve a sí misma y a quienes la sirven a ella; es decir: a una minoría selecta mundial y no a la totalidad, que sigue en el desamparo y en el sufrimiento perpetuo.
Por consiguiente, “La Bestia” debe ser destruida. Con medios pacíficos, la lucha no debe parar hasta que “La Bestia” sea destruida por completo y se cree un nuevo orden con el ser humano como fin y principio y la satisfacción de todas y cada una de sus necesidades y las de la totalidad de todos los habitantes del planeta.
PERO, RECUERDA, TODO ES MENTE.

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Pienso que esto ocurre porque la materia, base de todo cuanto existe en el universo, tiene aspectos y componentes que todavía no hemos llegado a descifrar pero que encierran dos comportamientos básicos: uno de regeneración permanente y otro de destrucción o descomposición y que ambos están perfectamente ligados de tal forma que el uno surge del otro. Digamos que para que exista la regeneración mental de la especie tiene que producirse al mismo tiempo una degeneración y así de esa degeneración que lleva a la putrefacción, surgen nuevas formas de razonamiento de la misma forma que en una manzana podrida se sustentan otras muchas formas de vida.
Todo esto puede parecer a simple vista un tanto metafísico y puede serlo si tenemos en cuenta que son cosas que solo el sentido de la lógica puede demostrar pero, en el fondo, lo que estoy diciendo es algo tan simple y lógico como que la materia en sí encierra la inteligencia y que esta conduce tanto a la degeneración como a la regeneración y que una se fundamenta en la otra, pero que no se manifiesta de una forma ordenada en todos los individuos de la especie humana, sino que de forma aleatoria lo hace en diferente grado en unos o en otros y que podemos encontrarnos con mentes lúcidas y también con mentes totalmente degeneradas o primitivas cuyos actos vemos a diario a través de los medios.Alberto Ruiz Gallardón podría ser el ejemplo vivo de que la degeneración mental se puede dar en una persona sin que en ella exista posibilidad regenerativa alguna.
Pero, que la materia es inteligente y que evoluciona de forma inteligente es un acto al que cada día se puede discutir menos a poco que observemos nuestro medio natural y la actuación de los cuerpos celestes, los fenómenos meteorológicos o la evolución de los propios animales y ver como una misma especie se adapta a un medio determinado desarrollando unas fuertes patas y en otra parte del mundo esa misma especie desarrolla alas. Son procesos lentos que tardan cientos de miles y hasta millones de años pero son procesos inteligentes sobre todo.
Si entendemos que la inteligencia es un valor intrínseco en la materia y que todo proceso de degeneración o regeneración en ella se produce de forma inteligente, la idea de la razón humana como don de un ser superior cae por sí sola y se nos muestra como un resultado propio de un proceso de evolución lógica de la misma forma que la idea de hombre creado por un ser superior a su imagen y semejanza naufraga como un barco de papel en una tempestad argumental o con la misma facilidad con que lo se hunden las promesas electorales de Rajoy.
La inteligencia humana no se produce por designio divino, sino que lo hace como consecuencia de la evolución de la materia y nuestra supremacía en el planeta tierra no se debe a que hayamos sido elegidos por uno o varios seres superiores, sino que simple y llanamente corresponde a otra fase en la evolución material en este punto concreto del universo.
¿Que, tras todos estos procesos todavía queremos ver la mano de un ser omnipotente y creador? No tengo elemento de juicio para entrar en ese debate y creo que nadie en este planeta lo tiene. Pero, si tal ser existiera, no creo que este se pareciera ni remotamente a ninguno de los dioses que describen las religiones de la tierra, sino que estos responden a las necesidades de las poblaciones en las que fueron o son venerados y al deseo humano de perpetuar su existencia más allá de la muerte o extinción de la vida y alcanzar la inmortalidad a través de la ayuda de un ente superior que al mismo tiempo explica todo aquello que la razón no puede entender.
Estoy convencido de que la creación de los dioses por parte de los seres humanos corresponde a un estado mental que se encuadra en el proceso de degeneración  psíquica de la especie y que la mente lo realiza con el único fin de mitigar el sufrimiento que experimenta la persona al contemplar su decadencia. No hay que olvidar que la propia decadencia es una parte de la degeneración necesaria para la destrucción del ser vivo y que por tanto conlleva dolor y sufrimiento.
El apocalipsis de San Juan es un libro que se escribe por una comunidad de místicos en época de una cruel persecución y toma como base argumental otros escritos apocalípticos de los “textos sagrados” pertenecientes a la religión que practica la comunidad perseguida, como discursos de Jesús o el  Apocalipsis de Daniel, muy presente a lo largo de toda la obra y otras imágenes y escenas de otros escritos proféticos o las Lamentaciones de Jeremías.
Pero la Bestia que aparece por todos lados en la obra, no es un ser sobrenatural maléfico como se ha pretendido hacer creer a las masas, sino el sistema político y religioso que ejerce la represión contra los cristianos en aquellos días. “La Bestia” era el Imperio Romano y las otras bestias menores que aparecen son los  diferentes reinos y subreinos u órganos de poder regional que el Imperio establecía  para su ordenamiento territorial.
Como el poder que ejerce el Imperio Romano es total, los místicos no ven una forma material de combatirlo o derrocarlo más que con la intervención de un ejército comandado por un príncipe de los cielos dotado de un gran poder y cuyo ejército está formado por puros o que no han sido contaminados por el poder del Imperio. La virginidad a la que el libro hace referencia no es una virginidad carnal únicamente, sino que se refiere a la virginidad de no haber yacido con la “gran ramera”; la “Babilonia del Oeste”, es decir, Roma.
En cuanto a la coincidencia de las profecías narradas en el libro con hechos ocurridos posteriormente, se explican fácilmente si entendemos que los hechos que ocurren en persecuciones y guerras son siempre muy similares y que el sistema al que denominan “La Bestia” es el mismo que en estos momentos tiene la hegemonía sobre la práctica totalidad de la Tierra y que, aunque menos sofisticados y algo más rústicos, en aquel tiempo, sus métodos eran similares o iguales a los que practica en los tiempos actuales.
El Libro de la Revelaciones no es un libro que predice el final de los tiempos, sino que nara unos hechos que ocurrieron en una época concreta y los actos de un poder bestial sobre unas poblaciones que veían en la intervención divina la única forma posible de escapar de su tiranía y de su crueldad, todo ello visto desde la perspectiva de unos místicos religiosos, que con este libro,  a la vez que intentan mantener la fe y la esperanza de los seguidores de sus creencias perseguidas y minoritarias en aquel tiempo, llaman a la resistencia con la promesa de la ayuda y la intervención divinas así como la recompensa de la vida eterna y la resurrección en el  paraíso tantas veces prometido en tantas religiones.






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